Medir

Hubo un tiempo en que medir de manera exacta no tenía importancia. Nos bastaba con el ojo del buen cubero.

En la Biblia se ve esto. En Reyes I, 7, 23 dice: “Hizo fundir asimismo un mar de diez codos de un lado al otro, perfectamente redondo. Tenía cinco codos de altura y a su alrededor un cordón de treinta codos”.

De aquí se deduce que pi es igual a 3. Un número entero, no uno irracional. No había necesidad de más. Los desplazamientos eran, para la mayoría de los mortales, hasta donde los llevaran sus pies. Para la minoría que tenía caballo o carreta, un poco más.

Las guerras eran a guamazo limpio o cuando mucho con espada, lanza o puñal.

Si había que medir algo bastaba con el buen cubero.En la edad media la cosa siguió igual.

Pero la necesidad de establecer las horas para la oración y la aparición del canto polifónico, la ars nova o arte nueva, creó la necesidad de mediciones exactas y precisas del tiempo. Y el resto, como dicen los clásicos, fue historia. La navegación y la guerra con proyectiles de largo alcance requirieron de instrumentos de medición cada vez más sofisticados.

Estos dos avances, más las enfermedades virales  -y la concomitante resistencia- adquiridas por la proximidad de los europeos con el ganado, permitieron el desarrollo de lo que se ha dado en llamar el capitalismo de guerra. Época de exploración y descubrimiento según unos y de rapiña, muerte y agandalle según otros.

En su cuadro “Temperancia”, Brueghel el viejo, nos muestra esta obsesión renacentista por las mediciones. Un avaro contando su dinero, un coro atento a la partitura, un astrónomo ubicando la posición relativa de la Luna y una estrella, un geógrafo midiendo la distancia entre dos puntos, un militar apuntando su cañón.

La metrología en su apogeo.

La revolución industrial le dio un impulso adicional a la medición de la realidad. La aparición de los telares industriales obligaron a la reglamentación del trabajo de una manera nueva. Mientras la salida y la puesta del sol mandaba en el mundo pre-industrial, en las fábricas se requería de una medición más abstracta del tiempo.

Desde entonces el reloj ejerce su tiranía sobre todos y todas.Es fascinante ver la manera en que nuestra cultura, incluyendo la ciencia y la tecnología, evoluciona.

Entender esta evolución y sus razones nos da la posibilidad de atisbar otras realidades posibles, otro mundo posible. 


 (twitter/fvaldesp)