Ineficiencias

Quemar gasolina para movernos es un desperdicio. Un desperdicio subsidiado por el gobierno con dinero público, un dinero tirado al fuego de los motores de combustión. Un cinco gastado en subsidiar a los más ricos es un cinco desperdiciado. Los últimos años han visto un subsidio criminal a la gasolina. Según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) en 2008, si el dinero que se usó en mantener la gasolina barata se hubiera usado en financiar la educación superior hubiéramos podido tener 10.5 universidades más del tamaño de la UNAM. Con el dinero que se usó en subsidiar la gasolina en 2012 pudimos haber tenido 7.58 UNAMs más. En ambos años, con el dinero que dedicamos a subsidiar la gasolina, pudimos haberle dado a cada hombre, mujer, niña o niño en pobreza alimentaria más de 11,800 pesos. A cada uno.¿A quién benefició ese subsidio? A los más ricos, sin duda. En 2013, por cada peso de ese subsidio que recibió el decil más pobre de la población, el más rico recibió 32 pesos. Un subsidio claramente regresivo pues da el dinero de todos al que menos lo necesita. Por las necesidades de alimentación y salud que pudieron haberse atendido con los cientos de miles de millones de pesos que el gobierno usó para mantener la gasolina barata no es exagerado decir que esta política pública mató a mexicanas y a mexicanos. No sé usted, pero yo, como conductor, me siento avergonzado. La indignación ante los llamados gasolinazos sólo puede justificarse por la ignorancia o la desvergüenza.¿Cómo usamos los automovilistas este dinero que el gobierno arrebata a los más pobres para dárselo a los más ricos? La respuesta es mal. Muy mal. No podía ser de otra manera pues la gasolina barata alienta el desperdicio. Hace que aspiremos a coches más grandes, más potentes, más gastadores. A que los usemos más. Encima, el coche es, desde su invención, un artilugio altamente ineficiente.Cuando mucho, solo del 25 al 35% de la energía de las explosiones de la gasolina pasa al cigüeñal. Entre el 65 y el 75% de esa energía se va en calor. La fricción de la transmisión (caja de velocidades, diferencial, etc.) y de las ruedas, hace que más energía se desperdicie y que nunca sea usada en transportarnos. La eficiencia de un coche pequeño, con un motor eficiente, quizá no llegue a un 15%. Más de ochenta y cinco centavos de cada peso usado en subsidiar la gasolina se esfuma en calor y en humo.Pero en otro sentido también el coche es sumamente ineficiente pues el mastodonte de tonelada y media de peso generalmente transporta a una persona de manera que la relación entre el peso del vehículo y el peso del coche es hoy en día tan ineficiente como en los días en que el primer mahout se fue a chambear a bordo de un elefante, como lo describió Vaclav Smil en su reciente artículo de la revista Spectrum del Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos o IEEE de enero de 2015 (Cars weigh too much). Nos cuenta Smil que, hoy en día, si el pasajero es una persona de setenta kilos de peso, entonces su relación con el peso de su vehículo sería de 0.1 si se mueve en una bici de  7 kilos (0.2 si es una de 14 kilos como son las que venden los supermercados mexicanos). Ese número se vuelve 1.6 si usa unamotoneta Vespa. Si se mueve en un autobús moderno el número es 5 y es 7.3 si el coche es un Citroën dos caballos de  510 kilos de peso, un coche de los años en que yo nací. En un Ford modelo T de hace más de un siglo la relación sería de 7.7 igual que si se transporta en un tren bala japonés. Si es un Smart el número se eleva a 12, 16 si es un Mini Cooper, 18 si es un Honda Civic LX, 20 y pico para un Toyota Camry. Para un vehículo de carga ligero 26,  28 para el BMW 740i, 32 para la troca Ford F-150 y 39 para la Cadillac Escalade EXT.Los múltiples problemas que ocasiona el coche de motor van más allá de la contaminación. Contemos los muertos y los heridos. Los enfermos de estrés y de problemas asociados al sedentarismo. Los problemas sociales derivados de los programas de subsidios -no solo a la gasolina, sino también al programa carretero y las tenencias baratas. Y, en el fondo de todo, la ineficiencia y el peso del cacharro para cumplir su cometido de movernos. Por ello es que cada vez más urbanistas y planeadores buscan alternativas de movilidad más inteligentes, justas y eficientes. Seguir por el sendero oscuro que estamos siguiendo en el que todo el presupuesto de movilidad va para favorecer a los vehículos más lentos, pesados e ineficientes solo traerá más y más problemas. Deben convencernos los números de la realidad que ya estamos viviendo, pero ayudaría -y mucho- si tuviéramos un mejor servicio de transporte público, ciclovías y banquetas decentes que animaran a más personas a moverse de una manera más barata, más eficiente, más beneficiosa para ellas y para su comunidad y más divertida. Pero mientras ese nuevo paradigma se instala entre nosotros usted rebélese, anímese, camine y pedalee todo lo que pueda y todo lo que quiera. 


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