¿El Golán o el Jordán?

La gente le da mucha importancia al hecho de que las grandes religiones monoteístas hayan surgido en el desierto. Como haya sido, quien divaga por esos senderos, le atribuye una magia a la aridez. Concedo que la soledad en el desierto es más intensa.

La baja productividad biológica, derivada de la poca agua, hace al desierto un sitio abierto, de grandes horizontes y enormes cielos. Admito también que en el desierto, cuando estás solo, no puedes escapar de tí mismo.

La introspección es obligada.Pero postulo que es el agua en el desierto lo que lo vuelve mágico. No sólo le da una vida sensual al entorno sobrio sino que trae sonidos y sombras que son pura promesa de frescor donde tomar un respiro.

Creo que quienes divagan en sus contemplaciones sobre la relación de lo árido con lo sagrado deberían dirigir su mirada al agua. Ver más al Jordán que al Golán, o mejor aún, ver al Golán con el Jordán.Porque un río en el desierto es la puerta a la maravilla.

Los pioneros usamericanos que tomaban rumbo al oeste en sus carretas persiguiendo la promesa de un terreno o de un placer -entendido éste como las arenas de algún arroyo en California donde el agua depositó granos de oro- tenían que atravesar el gran desierto de las inmensas planicies del medio oeste.

Un mar de zacate privado de ríos en los que la vista de un álamo lejano era motivo de gran regocijo. Pues el álamo anunciaba el arroyo, el río o cuando menos, el agua somera.

Vaya usted al Cañón de Fernández en el Nazas y verá de lo que le hablo.

Las agrestes montañas, con su rala falda de noas, cactos y guapillas dan paso a la exuberancia del ahuehuete, del sauce, del álamo y del taray. El pedregoso sendero del correcaminos y de la codorniz da pie al reino del águila pescadora, de la tángara roja y de la garza morena.Nuestros ríos de desierto, que quizá reproduzcan el escenario natural de las creencias religiosas de gran parte de la humanidad, están hoy en peligro.

La avaricia, la soberbia y la ignorancia con el disfraz de las buenas intenciones tienen hoy en peligro a estos espacios forjados pacientemente durante millones de años por las piedras y el agua. Salgamos a la defensa de nuestro capital natural. Sigue en Facebook al Cañón de Fernández.

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