Evangelistas

Les escribo desde Medellín, en los Andes Centrales. Una ciudad grande, de más de cuatro millones de habitantes, asentada en un profundo y estrecho valle rodeado de altas montañas y surcado por el cauce del Río Medellín.Medellín es reconocida por la transformación milagrosa de la capital del imperio de un cártel poderoso y sanguinario a una ciudad innovadora en transporte, arquitectura y la manera de abordar el problema de la marginalidad social y económica.

No me escapa la ironía que viajo a Colombia cuanto el Papa habla de los riesgos de la mexicanización de Argentina cuando no hace mucho hablábamos de la colombianización de México.Me trajo el Cuarto Foro Mundial de la Bicicleta donde expuse el trabajo de Ruedas del Desierto, la organización de los y las ciclistas de La Laguna y el contexto en el que se generó.

Preparando la presentación me doy cuenta que la agenda de la movilidad en bici y la agenda de la pacificación y de la cohesión social son una sola. Que pasear en nuestras calles, de noche, con personas desconocidas, creamos lazos de comunidad y reforzamos su cohesión y eso, colectivamente, nos hace más fuertes y resilientes. 

El foro ha sido una gozada, No sólo he podido escuchar a personas que tanto admiro como Enrique Peñalosa, el alcalde que tomó Bogotá con 29 kilómetros de ciclocarriles y la entregó con 400; Janette Sadiq-Kahn, la comisionada de movilidad no motorizada que logró cambiar la vida de Nueva York; Ellie Blue, la autora de Bikenomics. Quedan por delante muchas otras sorpresas como la plática de Antanas Mockus, ex-alcalde de Bogotá; Peatónito, el santo patrono de los andantes y, por supuesto, las salidas a ver aves de las que seguro le daré cuenta pronto.Los sobresaltos también han hecho su aparición estelar.

La noche del 26 mientras cenaba, en la acera de enfrente ejecutaron a un muchacho y esta mañana, mientras circulaba en una bici pública de Encicla, fui interceptado por dos tipos que, para empezar, me dieron una joya filosófica mientras apoyaban la punta de sus armas en mi costado: “Lo material no tiene ningún valor”. Concurrí al imaginar las consecuencias de que la hoja de esos cuchillos entraran en mi barriga.

En lo que procedí a dejarme asaltar aparecieron dos policías con la pistola desenfundada. Los ladrones tiraron todo al suelo. Recuperé lo mío. Los policías los esposaron, me preguntaron si estaba bien y me dejaron ir. Hubiera querido devolverles a los rateros una joya filosófica de mi cosecha: “recuerden que la libertad sólo existe en sus mentes”.


twitter/fvaldesp