Ética y estética en dos ruedas

No es raro que se haga la distinción -desconexión más bien- entre forma y fondo, ente apariencia y contenido, entre ética y estética. ¿Existe tal desconexión? Muchos filósofos, desde la antigüedad afirman que no. Que ética es estética. Que el medio es el mensaje. Que la estética y la ética son una, la enigmática afirmación de Ludwig Wittgenstein (filósofo austríaco, 1889-1951).
Si nos detenemos a pensarla un tantito descubriremos mil conexiones entre la ética y la estética. Las formas de vestir de las tribus urbanas: los emos, los punks, los rockers, los góticos, los mods, los hipsters. Las apariencias del vestuario revelan una cierta manera de ver e interactuar con el mundo. Aún la gente normal y decente, la que ve a estas tribus con desdén y con aires, tiene una forma peculiar de vestir y una manera igualmente particular de ver y de accionar con el mundo. En mi niñez, cuando el señor cura le negaba la comunión a una mujer sin velo o sin mangas en la blusa, expresaba la convicción que esos detalles del vestido ponían al descubierto a una mujer inmoral, indigna de recibir la sagrada hostia.
La arquitectura es quizá de las bellas artes la que más claramente expone las conexiones entre ética y estética. Entre intención y diseño. Vea la Plaza Mayor de Torreón, o los reformados bulevares Miguel Alemán, Independencia y Diagonal. Se me viene también a la mente Albi, la ciudad del mediodía francés que fue el centro de un vasto movimiento religioso, el catarismo, que puso en jaque a la iglesia católica. Los cátaros o albigenses proclamaban la existencia de una dualidad creadora (Dios y Satanás) y predicaban la salvación mediante el ascetismo y un tajante rechazo de lo material, obra del demonio. La iglesia lanzó una cruzada, la única contra europeos, para exterminar esta poderosa secta mediante el exterminio de sus practicantes. Tras años de sangrientas luchas, el catarismo pasó a la clandestinidad. La iglesia derrumbó la catedral de Albi y en su lugar hizo una nueva: la Catedral de Santa Cecilia, una impresionante mole de ladrillo rojo, más fortaleza que iglesia, que domina el horizonte de la ciudad. Una proclama de poder hecha ladrillo. Por dentro, el gigantesco mural del Juicio Final da cuenta gráfica de los horrores que asechan a los pecadores y, por extensión, a todos aquellos que desafíen la autoridad de la iglesia.
En los paseos nocturnos de Ruedas del Desierto es también diáfanamente clara la conexión entre ética y estética. ¿Qué los distingue de otros grupos que circulan por las noches en las calles de la ciudad? Varias cosas. El pelotón se mueve de manera compacta. Lo acompañan un grupo de duchos ciclistas en chalecos reflejantes y verdes que se colocan a la cabeza, en la retaguardia y en los lados. Varios se comunican con radios. No contribuyen al ruido ni al sobresalto. Circulan sin ruido, sin patrullas, sin sirenas, sin ambulancias, sin coches.
Circular en un solo grupo compacto proporciona seguridad a los ciclistas. Mantener el grupo compacto implica ocasionalmente tener que bloquear brevemente algún crucero para poder pasar sin segmentarse. Se evitan los huecos que son una invitación a que algún acelerado conductor intente meterse en el grupo con todo y coche. Al ir compactos se minimiza el tiempo en que se detiene al tráfico de motor. Esta molestia al tráfico se ha podido reducir a 3-4 minutos.
El paso de las Ruedas del Desierto es pausado para que todo mundo vaya cómodo, incluyendo los principiantes. La velocidad y el grado de compactación se logra mediante la intercomunicación vía radio de dos docenas de voluntarios identificados por sus chalecos usando sus radios. Los paseos de Ruedas del Desierto tienen varios objetivos: uno, evidente, pasear, descubrir otra ciudad que no hemos visto, pasar un buen rato, convivir. Recuperar los espacios públicos: calles, avenidas, plazas. Demostrar que las calles sin nosotros están incompletas. Educarnos mutuamente en los usos de la vialidad, todos juntos, ciclistas, peatones y automovilistas. Adquirir confianza y habilidades en la operación de la bicicleta poniendo las bases para su uso cotidiano más allá de los paseos, incrementando el número de bicicletas en todas las calles a todas horas.
Ruedas del Desierto es un grupo que aboga por el uso de la bici. Más que como deporte, como medio de transporte. Un medio tranquilo, sano, callado, limpio. Cabildeamos con las autoridades. Nos manifestamos por mejores reglamentos y mejores instituciones viales. En el desarrollo de nuestros paseos aplicamos nuestros valores. Se ve. Y si más de un filósofo se confundió con la frase de Wittgenstein -la ética y la estética son una, ethik und aesthetik sind eins- puede venir a un paseo de Ruedas del Desierto y ver su significado en acción. En nuestras calles.


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