Defendamos al Cañón de Fernández (y 2)

La especie humana es, al mismo tiempo, víctima y victimaria en la actual crisis ambiental. Nuestras actividades dañan cada vez más a la naturaleza y en esa medida resultamos dañados nosotros.

Bueno, unos más y otros menos. Como regla general las crisis ambientales se ceban especialmente en los más pobres.

Las zonas biológicamente más ricas de México son donde viven grupos indígenas o comunidades rurales con diferentes grados de marginación y pobreza. Mi amigo Víctor Toledo ha dedicado su vida a estudiar estas relaciones comunidad-ecosistema, dualidad inseparable. Un espacio natural no puede entenderse sin las relaciones que con él guardan sus comunidades y viceversa.

Los primeros intentos de conservación fueron los cotos y los bosques reales.

Grandes extensiones apartadas para goce exclusivo del rey y su corte, generalmente para cazar. Nicolae Ceausescu, el sanguinario rumano y Erich Honecker, el paranoico alemán solían organizar batidas de caza que envidiaría Enrique VIII o cualquiera otro rey europeo de antaño. Luego vino la estrategia usamericana, que consiste en poner cercar el sitio a conservar y excluir casi toda actividad humana. 

Hoy, se entiende que la protección de un sitio natural debe hacerse por, con y para quienes lo habitan.

Las comunidades indígenas o rurales deben involucrarse y beneficiarse de la conservación. Las actividades productivas que ya se realizan, reorientarlas hacia prácticas sustentables buscando la comercialización de sus productos bajo esquemas de comercio justo.

Un turismo que pase del de hielera y estéreo al turismo solidario, abierto y culto, que aprecie los valores del sitio y deje beneficios a los pobladores. Una conservación en la que los habitantes del área sean los protagonistas principales, los dueños, los conductores. 

En el Cañón de Fernández está apareciendo un “conservacionismo” empresarial y hueco, que ve a los pobladores como peones, fuente de mano de obra barata, objetos de dádivas con fines clientelares. Un “conservacionismo” que espejea las prácticas políticas de compra de votos y voluntades tan conocidas en nuestras ciudades.

Los pobladores del Cañón de Fernández se darán cuenta del engaño y seguirán el camino que más les conviene. Tanto a ellos como al Cañón de Fernández. 


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