Cultura vial

La cultura vial. La educación vial. A menudo se confunden y se esgrimen como argumentos para el inmovilismo vial. Si se señala la escandalosa cantidad de muertos y heridos en las calles de nuestra comarca, nunca falta quien dice “es que nos falta cultura vial”. Y todo el mundo asiente. Fin de la discusión.

Cuando queremos llegar un poco más lejos optamos por hacer lo que hacemos ante todo problema complejo. Le echamos el paquete a los niños. “Es que hay que educar a los niñitos desde la primaria, los adultos ya no aprendemos”. Por eso fue una prioridad rescatar el parque de educación vial. Un parque construido para que los niños aprendan y aspiren a manejar un coche. Me recuerda los cigarros de chocolate de mi niñez, una hábil y perversa maniobra de las tabacaleras para ir cultivando desde pequeños a sus futuras víctimas. El parque de “educación vial”. Pues eso. 

La cultura vial se forja en la calle. En la convivencia diaria. Yo me encuentro numerosos, esperanzadores y crecientes ejemplos cuando ando en mi bici o caminando.

Automovilistas que me rebasan a metro y medio.

Que me ceden el paso.

Experiencias positivas.

También hay de las otras. Cafres que te avientan la lámina.

Conductores que te gritan fregadera y media. Un largo etcétera. Hemos de buscar es como transitar de una cultura vial del agravio y la agresión a una de convivencia.

Como cambiaría el mundo si pasáramos de conductores a cuidadores. Que nos cuidemos los unos a las otras. Que reconozcamos que el espacio público es para uso del público. De todo el público. No sólo del que se mueve rodeado de tonelada y media de acero y hule. Reduciríamos radicalmente el número de muertos y de heridos por siniestros viales. Nuestros trayectos serían más agradables y ni siquiera serían más lentos. Con tan solo reconocer la humanidad común de todos los que nos movemos en la calle.

Cambiar la cultura vial no es cosa del gobierno ni de la SEP. Es tarea de todos. Es también responsabilidad suya y mía. ¿Le entramos? Sólo hace falta la voluntad de querer formar parte de un mundo mejor. La voluntad de vivir mejor en una ciudad más humana. 


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