Cáncer

En su obra magistral, El emperador de todos los males, el oncólogo Siddharta Mukherjee, nos dice como el cáncer pasó a ser un mal casi clandestino a ser la plaga que hoy define a nuestra civilización. Una entidad amorfa y temible, imbuida de una gran potencia metafórica, médica, científica y política. Una sombra que toca ya demasiadas vidas.En la prevención del cáncer es indispensable aislar los factores ambientales que puedan desatar esta enfermedad. Identificando al cancerígeno podemos evitar el contacto con él y reducir riesgos. Es por eso que ya no usamos asbesto y que nos alarma la presencia del arsénico en el agua que bebemos. Por eso se combate el tabaquismo. Sin embargo, hay demasiados cancerígenos identificados para los que no hay ley que los limite, los prohíba o nos advierta. Peor aún, hay cancerígenos conocidos que hoy se encuentran en alimentos que nos llevamos a la boca. Peor aún, seguimos aprobando el uso de sustancias que ingeriremos o con las que nos cubriremos o que inhalaremos sin tener idea de las consecuencias que su uso pueda tener en la salud.La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés) es una agencia especializada de la Organización Mundial de la Salud. Una de sus misiones identificar cancerígenos. Hace unas tres semanas la IARC publicó un extenso estudio que clasifica al aire contaminado como cancerígeno del Grupo I. En esta clasificación no hay demasiado lugar para la duda. Los cancerígenos del grupo I son aquellos para los que se ha podido establecer una relación causal entre su presencia y el cáncer en humanos. La IARC encontró que respirar aire contaminado causa cáncer de pulmón y también tiene una asociación positiva con un riesgo incrementado a contraer cáncer de vejiga. Las partículas suspendidas, un componente importante de la contaminación atmosférica, quizá el componente principal de la contaminación del aire en la Comarca Lagunera, fue analizado aparte y también quedó clasificado como carcinégeno (Grupo I).La IARC encontró que a mayor contaminación y mayor presencia de partículas suspendidas, mayor riesgo de contraer cáncer pulmonar. Aunque el aire contaminado de Toronto no tiene la misma composición que el de Torreón o el de Pekín, estas conclusiones son válidas para todo el mundo cuyo aire esté contaminado.Ya se sabía que la contaminación atmosférica es un factor de riesgo mayúsculo para las enfermedades respiratorias y cardiacas. Hoy añadimos el cáncer a los males que provoca esta contaminación. Según la IARC, en 2010 hubo 223,000 muertes por cáncer de pulmón provocado por el aire contaminado. Huelga decirlo, pero la mayor parte de los contaminantes del aire provienen de la combustión. Sus principales fuentes son: el transporte motorizado, la generación de electricidad, las emisiones industriales y agrícolas y la calefacción y el cocinado de los alimentos. El Dr. Cristopher Wild, director de la IARC concluye: “Clasificar a la contaminación del aire como un cancerígeno es un paso importante. Existen maneras efectivas de reducir esta contaminación, y dada la escala de la afectación a la población mundial, este estudio manda una fuerte señal a la comunidad mundial para que tome acciones inmediatas”.No es fácil digerir una noticia como esta. Ahora resulta que el cancerígeno más común es el aire que respiramos. Pero por nuestro bien tenemos que digerir la escala del problema. Por nuestro bien debemos encontrar ya los frentes en los que podemos hacerle frente y ponerlos en práctica. Estudiar la transición que nos lleve a cielos limpios y aire sano y empezar a transitar un camino que no será fácil y que será largo. Hablo de deberes de nuestras autoridades, por supuesto, pero también hablo de usted y de mí.La bicicleta está ahí esperándonos como una aspirina del tamaño del sol para este dolor de cabeza, pero aún nos resistimos. Dígalo si no lo que vivió Elías, profesor universitario  y ciclista urbano torreonense. Queda de verse con un amigo en el centro comercial Galerías, se da cuenta que olvidó el candado. Pedalea hasta el café en el que quedó con su amigo. Se sienta en una de las mesas de la banqueta, recarga su bicicleta, pide su café. Mal acaba de sentarse cuando llega un grosero guardia a exigirle que la retire de inmediato. El personal del café le dice que pase al interior. Con todo y bici. Vuelve el guardia en tono ya francamente violento le exige que salga de inmediato, con todo y bici. Profiere amenazas. Interviene un policía federal para tratar de calmar al guardia. Elías se va. Más tarde busca al gerente de Galerías para quejarse y para saber la política del centro comercial hacia los ciclistas. La respuesta es contundente: Galerías está hecha para los coches y los ciclistas no son bienvenidos. Una historia puntual de mezquindad y estupidez pero que nos revela uno de los muchos determinantes culturales que obstaculizan la lucha por limpiar nuestros cielos del oscuro y sucio velo de la muerte. 



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