Cabeza de chorlito

Entre muchas otras cosas, los animales nos han servido para insultarnos. En ocasiones el insulto es directo y fácil, por la sola apariencia. Cara de ratón. Nalgas de víbora. Orejas de elefante. Luego están los más metafóricos pero que igual hieren. Como eres víbora.

Eres un gallina. Aquella es una zorra. Comes como cerdo ¡Cállate chachalaca! Pinche gata. Como burro en primavera. ¡Ay, animal!Como construcción social la carga del insulto zoológico depende del conocimiento vulgar del animal al que hacemos referencia.

¿Quién conoce la historia natural de la zorra? Poca gente y quizá por eso su nombre continúa siendo parte de nuestro arsenal de insultos.

¿Es la influencia del Génesis la que nos hace aborrecer a las víboras y buscar matarlas en cuanto las vemos?La clase Aves no queda al margen de los insultos que nos propinamos. Cacatúa, gaviotón, harpía, buitre, chachalaca. Pero hay algunos, en varios idiomas, que hacen referencia a una presunta falta de inteligencia del insultado, como “cabeza de chorlito”.

El primer chorlito que conocí fue el Tildío que pone los huevos en el suelo, a la orilla de los ríos, donde quedan camuflados con los guijarros.

Cuando se acerca un depredador, el Tildío finge tener un ala herida y corre trastabillando y chillando para distraer al enemigo de los indefensos huevos.

El truco funciona y cuando el depredador está lejos de los huevos, el Tildío vuela. No sé a usted, pero no le veo nada de tonto, sino lo contrario, a la estrategia del chorlito.Hoy en día la ciencia empieza a desentrañar la elevada inteligencia de las aves.

Quitado el velo del prejuicio encontramos hoy aves capaces de resolver acertijos, construir herramientas, comunicar sentimientos (¡en lenguaje humano!) y aprender cantos con los mismos recursos neuronales y genéticos con que los humanos adquirimos el lenguaje. Las aves y los humanos mostramos los mismos patrones de actividad cerebral durante el sueño.

Hay aves, como el Reyezuelo corona de rubí que nos visita en invierno, cuya masa cerebral es un 7% de su masa total, mientras para los humanos es un 2%. Barry Lopez nos recuerda en varios de sus escritos que con nosotros conviven culturas, sociedades y lenguajes no humanos.

Algo digno de honrar, proteger y respetar. Un primer buen paso sería que dejásemos de usarlos como insulto. 


twitter.com/fvaldesp