Blockadia

Hay un nuevo país sobre el planeta Tierra. No tiene representación ni reconocimiento en las Naciones Unidas. No tiene presidente, ni rey, ni parlamento aunque si amos. No cuenta con moneda propia pero el euro y el dólar ahí la rifan. Sus habitantes están en constante flujo, unos llegan de tierras lejanas mientras otros se van. Se ubica en todos los continentes y, gracias al calentamiento global, pronto estará en la Antártida. Está en el norte global pero sobre todo en el sur del planeta. Este país se llama Blockadia.Como dije, Blockadia tiene amos. También tiene fronteras -demarcadas con bardas y alambres de púas- y fuerzas armadas que las protegen celosamente a sangre y fuego de ser necesario. Blockadia está en Nigeria, en Grecia, en Rumania, en Canadá y en Texas. También está en San Luis Potosí y en Baja California Sur. Pronto Blockadia estará en el norte de Coahuila.Blockadia es todo aquel territorio tomado por una corporación para la ganancia económica de sus propietarios. Puede ser un bosque para talar y poner pastizales o cultivos de soya aunque más comúnmente son territorios tomados para actividades extractivas aún más destructivas como explotaciones mineras, la sobreexplotación de acuíferos o la extracción de hidrocarburos. Este inicio de siglo veinte se define por la aceleración de la avaricia. Estamos entrando en una carrera por agotar los recursos energéticos, hidrológicos y minerales que nos quedan. En esa carrera estamos alterando la composición química de la atmósfera, y con ello, calentando el planeta a una velocidad jamás antes vista. El clima se aloca, las selvas se secan, el hielo se derrite, los litorales se inundan y miles de especies, incapaces a adaptarse a cambios tan rápidos, perecen. Esta carrera frenética se ve apoyada por cambios legales profundos. Las recientes reformas energética y minera promulgada por un presidente y un congreso peleles del gran capital son diáfanos ejemplos. Cuando llegan los amos de Blockadia, delimitan el territorio, lo nombran zona de sacrificio y proceden a su destrucción completa. Sin importar lo que opinen los pobladores de ese territorio o sus creencias o identidades. El cerro San Pedro, símbolo de los potosinos -forma parte del escudo de armas del estado- fue concesionado a una minera canadiense que llegó, puso su malla ciclónica y lo voló con dinamita para sacar su oro. Pero no sólo los potosinos se quedaron sin su cerro insignia sino que ahora respiran un aire que es cancerígeno clase I merced de las partículas suspendidas. Además, las operaciones de la minería a cielo abierto -basadas en el uso del cianuro, un potentísimo veneno- ponen en grave riesgo sus recursos hídricos. La oposición de los potosinos ha sido tenaz y ejemplar pero están inmersos en una lucha desigual. El poder del estado mexicano y el peso de las impuesto canadienses -afianzadas en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte- han podido su ley.Lo que le pasa a San Luis Potosí ha sucedido en las plantaciones de palma de aceite en Indonesia, en los campos de soya de Argentina, Brasil y Paraguay, en las minas de oro de Papúa Nueva Guinea y en las inmediaciones de la Sierra de La Laguna en Baja California Sur. Las poblaciones que ahí viven, campesinos pobres, indígenas cazadores y recolectores, son designadas también poblaciones desechables.La guerra contra Blockadia ha tenido ya algunos éxitos. Serán más en la medida en que se involucren los pobladores urbanos, a quienes estos proyectos les representan un riesgo. La solidaridad regional, nacional y mundial tendrá cada vez más peso en estas confrontaciones entre el capital y quienes aman su tierra y creen en su derecho inalienable a mantenerla en buen estado. Blockadia llegará a Coahuila en la forma de campos de gas y de petróleo de lutitas. Y ahí, téngalo por seguro, confrontación habrá. Un enfrentamiento entre los coahuilenses con raíces y amor por su tierra y las corporaciones-veleta que llegan sólo a donde pueden hacer ganancias y se van. Los laguneros habremos de estar listos a prestarles toda la ayuda contra Blockadia. La suerte de nuestro estado y del planeta depende de ello. 


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