Bendita rebeldía

Hoy, las prácticas que nos dan los bienes y los servicios que deseamos están destruyendo a la Tierra. Dice Paul Hawken que la nuestra es una era mítica que recuerda las antiguas fábulas de luz y oscuridad. Tiene razón. Hoy, estamos perdiendo bosques, selvas, arrecifes, suelo, agua, biodiversidad y estabilidad climática a una gran velocidad.

Todos los sistemas vivos del planeta están declinando.  Por otra parte, hay en el mundo más de dos millones de organizaciones civiles, fundaciones y grupos de ciudadanos que buscamos la sustentabilidad social y ambiental en su sentido más amplio. No tenemos líderes ni manifiestos. Carecemos de estatutos, biografías, fechas o doctrinas.

Lo nuestro es más incipiente y amorfo. Más que un esfuerzo estructurado, pareciera una respuesta colectiva y orgánica -casi biológica- a un llamado urgente del planeta. Somos parte del movimiento social más grande de la historia de la humanidad. Nuestros líderes son zapateros, campesinos, biólogos y poetas. Nuestro movimiento no se puede dividir porque está ya atomizado.

Pero sus partes, aparentemente inconexas, de pronto se coagulan, se trenzan y sedisgregan de nuevo. Dicen que no tenemos poder ni éxito. Pero hemos doblegado gobiernos y hemos hecho ceder a poderosas corporaciones. 

Como dice Hawken, nuestro movimiento tiene tres raíces que convergen y se trenzan: el ambiente, la justicia social y la resistencia de las culturas locales contra la globalización. No somos un “ismo”. Nos une el poder de las ideas, no de las ideologías. Las ideas, en plural, no La Gran Idea. Somos la parte generosa, compasiva, resonante y flexible de la humanidad. Nadie nos puede encasillar.

Con nosotros no caben las generalidades. Nuestro movimiento no es violento y es de base. No tenemos bombas, ejércitos ni helicópteros. Nuestras armas son la palabra, la marcha, la creación, la resistencia y la construcción de nuevos futuros. Nadie nos podrá apaciguar, aplacar o suprimir. Prevaleceremos.

No venceremos. No conquistaremos. No dañaremos a nadie. Simplemente llegaremos a tener los números suficientes -la masa crítica- para crear una sociedad justa que permita que la vida en la Tierra se exprese, terminando con los siglos que dura ya esta auto-destrucción frenética y demente. 


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