#Bájale

Esta semana, inició una campaña para intentar reducir el número de accidentes mortales que últimamente se han dado en la ciudad de Torreón. Coincide con una campaña inusitada de vigilancia por parte de las autoridades viales municipales en la carretera Torreón-San Pedro a raíz de una secuencia de accidentes mortíferos que tuvieron como escenario a esa vía. Las muertes no son nada nuevo en nuestras calles pero sí lo es la respuesta social ante ellos.
El vídeo que acompaña a la campaña #Bájale es de una manufactura impecable. El alcalde, el obispo y diversas personalidades laguneras mandan el mensaje ataviados con una camiseta blanca y la leyenda “#Bájale”. Uno ve el video y se emociona. Falta ver si ese impacto, esa emoción instantánea y fácil, se traduce en una reflexión, en un terremoto interno, que nos lleve a cambiar nuestra conducta al momento en que nos ponemos detrás de un volante. Es aquí donde empiezan mis dudas sobre la eficacia de este loable esfuerzo.
No creo que sea coincidencia que la campaña arrancó tras la secuencia, en días consecutivos, de varios choques mortales durante el día, de personas que iban al trabajo, que involucraron a automóviles. Al primer tramo de la carretera Torreón - San Pedro le sucedió ya lo que al periférico: quedó dentro de la ciudad. A pesar de ello muchos automovilistas siguen usándola -como al periférico- como pista de carreras circulando a velocidades impropias aún en una autopista. Velocidades exageradas en la avenida urbana en la que esta carretera -y el periférico- ya se han convertido. Accidentes terribles como estos últimos los ha habido -en la carretera Torreón - San Pedro y en el periférico y en muchos otros rumbos- desde hace años. Lo que hizo diferente a esta situación fue la sucesión rápida de los accidentes y -esto es crucial, creo- que las víctimas fueran automovilistas.
En esa carretera, hace siete meses, el 23 de octubre de 2013 fue atropellada y muerta una estudiante de la Universidad del Valle de México de apenas 16 años. Iba cruzando para asistir a sus clases de primer semestre cuando la mató una camioneta cuyo cobarde conductor ni siquiera detuvo su carrera loca. Las autoridades, con una torpeza inaudita, sólo atinaron a colocar un letrero prohibiendo cruzar a pie hacia la UVM. Los sospechosos habituales clamaron por un puente peatonal. Nadie -absolutamente nadie- recordó que aquello era una zona escolar, que de acuerdo al reglamento municipal vigente, obliga a los coches a circular a 20 kilómetros por hora. Una velocidad a la que es difícil atropellar a persona alguna. No hubo campaña de #bájale. A lo más que llegamos como sociedad fue a chasquear la lengua y menear la cabeza.
Todas las muertes viales son evitables. Son injustas. Son inaceptables. Las muertes de peatones y ciclistas, sin embargo, parecerían entrar en una categoría aparte. Nos parecen muertes inevitables, como provocadas por una catástrofe natural, por un acto divino. Muertes aceptables.
Como sociedad tan sólo atinamos a enunciar dos o tres frases gastadas, a aventurar opiniones ignorantes o, de plano, a culpar a las víctimas. En Torreón, los peatones aportan el 60% de los muertos en accidentes viales, una proporción mucho mayor que las de automovilistas. Muertes de todos los días que nunca han alcanzado una palabra del alcalde o una declaración del obispo, mucho menos una campaña. Celebro que la campaña de #bájale marque una desviación de esta conducta inexplicablemente cruelmente insensible que hemos desplegado durante décadas de muerte en nuestras calles. Ojalá y tenga eco, ojalá y sea ampliada, ojalá y haga uso de los datos y estudios con los que ya contamos sobre esta lacra social.
Enderezar el triste estado de la vialidad en las calles laguneras exige muchísimo más que la campaña de #bájale. Exige lo mejor de nosotros mismos. De todos y de todas. Que nuestras universidades se aboquen a analizar el tema y a proponer soluciones que se basen en las mejores prácticas internacionales. Que nuestras autoridades pongan más atención, diseñen mejores reglamentos y mejores instituciones que las que ya han mostrado ser ineficaces. Que socialmente se vea al automovilista que rebasa los límites de velocidad como un sicario al volante.
Ahora mismo los ayuntamientos de la Zona Metropolitana de La Laguna están homologando reglamentos de vialidad. Que lo hagan de la mejor manera posible con la mejor asesoría posible, como la del Instituto de Políticas para el Transporte y Desarrollo (ITDP por sus siglas en inglés). Ruedas del Desierto ha hecho ya propuestas serias en este sentido sin que sepamos si tendrán algún eco. Urge un nuevo consejo de movilidad -que no de vialidad- que incluya la visión de un peatón, de un usuario del transporte público, de una persona con movilidad diferente, de un ciclista y de un automovilista. El que tenemos hoy es un consejo de automovilistas. Tenemos que movernos ya hacia la modernidad de las calles completas, de las Zonas 30, del tráfico calmado. Seguir como vamos, sólo con campañas o declaraciones, es darle carta blanca a la muerte para que siga acechándonos en nuestras calles.


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