La violencia “encapuchada” y el Estado de Derecho en México

Tolerancia, prudencia y muchos otros, son los calificativos que podemos utilizar, en la relación y reacción del estado mexicano ante las protestas, marchas y manifestaciones que legítimamente sectores de la sociedad tienen constitucionalmente  como prerrogativa.

Muchos años de lucha constante, de muertos y heridos y de grandes fracturas sociales, son parte del precio que esta sociedad ha tenido que pagar para lograr un reconocimiento a ese derecho y fomentar entre la comunidad esa libertad a expresarse.

En nuestro país, por desgracia, muchos episodios verdaderamente amargos hemos pasado por la represión del Estado en todos los niveles de gobierno, a las distintas y variadas protestas que se expresan en nuestro país.

La capital de la República ha sido el escenario ideal para manifestarse, con plantones y marchas fundamentalmente, incluso para los políticos significa un extraordinario instrumento de presión para los gobiernos en turno.

Qué bueno que se tenga como medio de expresión y de protesta este tipo de manifestaciones multitudinarias en la mayoría de los casos, el problema es la afectación a terceros, que por cierto, somos la gran mayoría.

No tenemos elementos para denostar algunas o muchas de las manifestaciones que a lo largo de años se han y se siguen dando en nuestro país, insisto, sobre todo en el Distrito Federal, sin embargo, tampoco  podemos negar que en muchas de ellas existen filtraciones que buscan otros fines.

Ya es recurrente que cada dos de octubre, las marchas por aquellos lamentables y vergonzosos acontecimientos de 1968 en Tlatelolco, se vean acompañados por hechos delictivos de todo tipo, desde saqueos, daños, lesiones y una serie de desmanes que manchan el verdadero sentido de la marcha.

El desquiciamiento vial es impresionante, generando pérdidas económicas y de contaminación entre otros, sin embargo, las autoridades competentes, son hasta cierto punto, tolerantes con estos hechos reprobables.

Pero hay de protestas a protestas, la marcha histórica de hace 10 años aproximadamente denominada la marcha del silencio, generada por la inseguridad, e impunidad  que se vivía y que por desgracia seguimos viviendo, lejos de ser cuestionada, a pesar de todos los problemas que pudo haber generado, recibió el apoyo de la ciudadanía, e incluso del extranjero.

Esta marcha, significó un parteaguas en el país, la protesta de un millón de personas unidas en silencio, manifestándose por la inseguridad en que vivimos los mexicanos, nos demostró que las causas son apoyadas siempre, al menos por la comunidad, a pesar de que se minimicen por el Estado.

Recientemente en este mismo espacio, felicité la marcha de los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, que tuvieron mucho cuidado en no permitir contaminación e infiltrados, su apertura al diálogo  y la legitimación de la mayoría de sus peticiones encontraron un eco en la ciudadanía.

Y qué decir de los muy lamentables hechos ocurridos en Iguala Guerrero, donde existe un crimen orquestado desde el estado, por un presidente municipal corrupto y enfermo de poder.

Las manifestaciones que se han extendido a todo el territorio nacional, en la mayoría de los casos han sido en forma pacífica, demostrando el apoyo y solidaridad al gremio afectado y a sus familiares.

Por desgracia, estas protestas en el Distrito Federal y en el Estado de Guerrero, han sido acompañadas de hechos delictivos por parte de los manifestantes, daños a los bienes del Estado y al patrimonio nacional.

En todas estas marchas existen “encapuchados”, que se escudan en el anonimato bajo una máscara que oculta su identidad y ante esa cobardía manifiesta, cometen desmanes de todo tipo. 

Al Estado, como ente, se le debe de exigir por todos los medios legales a nuestro alcance investigue y de resultados en los lamentables hechos de la desaparición de esos jóvenes estudiantes, además se debe castigar a los culpables que son muchos.

Algunos políticos ya se deslindaron y es probable que no tengan responsabilidad legal, pero tienen una responsabilidad ante la sociedad, pues son los partidos políticos quienes eligen, bajo sus propios métodos, a sus candidatos.

La factura se debe cobrar en los próximos comicios y no sólo al o los partidos involucrados, habrá que analizar a todo el sistema político mexicano, no es posible que en México sucedan estas cosas, o mejor dicho, no debemos permitir que se repita.

A pesar de todo lo anterior, no existe justificación a los hechos delictivos cometidos bajo la sombra de manifestaciones legítimas, estos vándalos, sólo buscan desestabilizar y sus fines son distintos, se debe tener mucho cuidado en no contaminarlos.

Tuve la oportunidad, así lo creo, de observar la marcha del pasado miércoles en la ciudad de México, convocada por la comunidad estudiantil en general y esta fue impresionante, contingentes de universidades públicas y privadas exigiendo resultados a las Autoridades competentes.

Más  allá del gran número de manifestantes, la marcha en términos generales fue pacífica, hasta donde se involucran los “encapuchados”, la causa, nadie la cuestiona, por el contrario, existe un gran apoyo a los legítimos protestantes.

Pero cuidado, si el Estado no hace nada por castigar a los responsables de los actos vandálicos que bajo el cobijo de estas marchas se generan, está siendo partícipe y corresponsable con los mismos, la violencia, es mala siempre, tanto generarla, como tolerarla, en ambos casos, se quebranta el Estado de Derecho.

ftotrejo@gmail.com