¿Cuál es, el verdadero papel de la fuerzas armadas?

Con motivo de la declaración del entonces Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa; de encarar abiertamente al crimen organizado, fundamentalmente al narcotráfico, en donde les declara la “guerra”; el país se transformó en materia de seguridad y otros rubros.

Si bien es cierto, el país ya enfrentaba años atrás conflictos de inseguridad, fue durante el sexenio de Vicente Fox, donde este gravísimo problema creció, basta recordar Guerrero, fundamentalmente Acapulco, entre otras latitudes del territorio nacional.

Al llegar Calderón Hinojosa al poder y en una medida justificativa de legitimación de su asunción como ejecutivo federal, anunció una guerra contra el crimen en general, en donde desde entonces, los únicos perdedores somos los ciudadanos.

Fue en el estado natal de Calderón Hinojosa, donde se inició formalmente ese enfrentamiento, enviando  a policías federales y a las fuerzas armadas, a fin de combatir la delincuencia en aquel bello estado del país.

Por desgracia, el problema, lejos de  someterlo, se salió de control en Michoacán y  en muchas regiones del país y cada día fue más recurrente la intervención de las fuerzas armadas, a quienes se les dieron tareas que no son propias de su formación.

La defensa nacional, en términos de integridad territorial, debe ser la prioridad de los ejércitos en el mundo, aunque en épocas de paz, coadyuven a otro tipo de tareas, tendientes a mantener el orden constitucional, económico y social.

Los integrantes de las fuerzas armadas, deben y tienen una formación distinta a los cuerpos policiacos comunes; ponerlos a patrullar, someter a delincuentes sin uso de la fuerza, resulta una tarea difícil de cumplir.

La percepción que en general se tiene de las fuerzas armadas en este país, por parte de la población, cada vez se encuentra más cuestionada y ha generado desconfianza.

Al ejército mexicano, durante muchos años, se le asoció con los desastres naturales que el país ha enfrentado, en donde los militares, participaban activamente en labores altruistas en beneficio de la ciudadanía. 

Hoy por desgracia, las cosas han cambiado radicalmente y en muchas partes de esta nación se les tiene temor y desconfianza, pues no se puede negar que  militares se han visto involucrados en asesinatos, lesiones y violaciones en perjuicio de ciudadanos.

Es cierto que se debe castigar, ante autoridad castrense o civil, según sea el caso,  a los militares que cometan alguna conducta delictiva, sin embargo, tampoco se les debe pedir que actúen como policías ordinarios, esa no es, ni debe ser su función.

Muchos militares han muerto en esta guerra ante la delincuencia en general, las organizaciones criminales no se tocan el corazón cuando se enfrentan a civiles, policías o militares.

Los integrantes de estas sociedades criminales, son despiadados, ya lo han demostrado; recordemos hace años en Chilpancingo, cuando en represalia un “cártel” masacró a más de 10 militares, entre los que se encontraban, cocineros y enfermeros.

Tampoco se puede olvidar, aquel marino que recibió honores en Tabasco y que por la imprudencia de funcionarios federales de alto nivel que mencionaron su nombre, ocasionaron días después, que masacraran a toda su familia.

Por el otro lado; ¿cuántos civiles han muerto a manos de militares en esta lucha que la sociedad y autoridades estamos perdiendo?; por desgracia son muchos y esto corrobora que el ejército no puede seguir operando como lo está haciendo, es decir, con funciones ajenas a su esencia.

En el caso Tlatlaya, se incrimina a varios militares en la muerte de 22 presuntos delincuentes, quienes primero los atacaron y presumiblemente después de rendidos, fueron asesinados por algunos integrantes de la milicia.

Se señala que algunos de estos elementos están involucrados y que se les consignará ante las autoridades competentes; además, ahora se les imputan antecedentes criminales y ciertas prebendas.

De ser cierto, habrá que ver, ¿por qué continuaban en servicio?; los mandos responsables también deben ser castigados de ser ciertas las imputaciones, sin embargo, aquí el problema es, si en realidad existe un exceso de fuerza y cómo medirla.

Tratándose de muertes de delincuentes, el análisis en una sociedad sometida y atemorizada por estos, no es objetiva, pues pesan más los hechos criminales  que tanto han lacerado a la ciudadanía.

No se trata de una defensa a favor de los militares involucrados, pero con la información que los ciudadanos de a pie tenemos, no nos atrevemos a condenarlos,  tampoco es para exonerarlos; pero no es correcto  que previamente se les haya  linchado  mediáticamente.

¿El ejército debe coadyuvar en esta lucha sin cuartel? o ¿se debe replantear su intervención?; ¿cómo, en dónde y hasta cuando la institución debe regresar a sus orígenes?; donde tenga el respeto y credibilidad de la sociedad.

Ya existen marchas en pro de los derechos humanos de los militares involucrados en el tema Tlatlaya, el cual  tiene muchos aristas y consecuencias, las autoridades  deben hacer un serio análisis al respecto, esto se puede convertir en un grave problema.

Habrá que preguntarle a la tropa: ¿qué opina al respecto?

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