¿Es usted puntual?


Sabia virtud de conocer el tiempo, señalaba Don Renato Leduc, en aquella famosa y bella canción que le ha dado la vuelta al mundo, el tiempo es oro, agrega en esa pieza musical el poeta, escritor y compositor mexicano.

Pues sí el tiempo es oro y saber qué hacer con él es de sabios, incluso para "perderlo" precisamente por ser tan cotidiano y aparentemente fácil en el andar del ser humano, sin embargo, pocos le damos la importancia y el respeto que merece.

Los Latinoamericanos, tenemos por desgracia la fama de ser muy impuntuales y esa desagradable distinción, se ha hecho patente en el mundo entero, aunque bien podemos decir, que mucho se ha mejorado y que pronto quede sólo como un mito.

En algunos países como Perú, se han hecho grandes campañas nacionales para erradicar la impuntualidad de sus respectivos conciudadanos; en la República de Ecuador, el entonces Presidente Lucio Gutiérrez, llevo a cabo una cruzada Nacional en contra del mal hábito de la impuntualidad, que generaba pérdidas a dicha nación superiores a los 2 mil 300 millones de dólares al año.

En varios países, existe la firme convicción de que la mayoría de los mexicanos somos impuntuales, al grado que se comenta en el ámbito internacional de los negocios, el "mexican time" en alusión al tiempo que nosotros manejamos.

Pero como decíamos con anterioridad, esa especie de rasgo cultural que por décadas nos ha estigmatizado, parece que se diluye y no puede ser de otra forma ante el fenómeno de la competitividad.

De acuerdo a diversos estudios cerca del 90% de los mexicanos llega puntual a su destino, ya sea el trabajo, la escuela, citas y actividades cotidiana, el problema se agudiza casi siempre por el tráfico.

En el Valle de México, el tráfico genera un serio problema con la puntualidad, las grandes distancias, pero sobre todo al aforo vehicular desmedido, hace que 1 de cada 10 habitantes que requiere transportarse, utiliza diariamente aproximadamente 3.5 horas, lo que se conoce como "workilometer".

Pero, independientemente de los imponderables que se presenten para llegar puntualmente a los distintos destinos, lo importante es que se fomente la conciencia y cultura de la puntualidad.

Pero mientras sea peras o manzanas, el hecho es que hoy en este país vivimos con este estigma que si bien disminuye, se encuentra arraigado en muchos de los habitantes de esta nación.

Día a día, encontramos ese pésimo hábito de la impuntualidad y con una enorme y cada vez más increíble lista de pretextos, así tenemos que la primera reunión o cita de la mañana se alarga por haber llegado tarde y las subsecuentes corren la misma suerte.

Pero si son las propias estructuras burocráticas gubernamentales las primeras en poner el mal ejemplo, ¿cómo pueden pedirle a la ciudadanía que sean puntuales?, sería no sólo grotesco sino también cínico.

Acudimos a una oficina de gobierno de cualquier nivel y lo primero que observamos es la lentitud en que inician con sus labores no obstante de tener a ciudadanos formados esperando que les atiendan.

Si llegan a tiempo a su trabajo, este lo inician minutos después con el esperado congestionamiento que estas conductas irresponsables ocasionan y así de nada le valió a quien llegó puntual a la fila.

La impuntualidad, no es característico de políticos y burócratas, somos todos, sin importar niveles socioeconómicos, grado de escolaridad, sea obrero o profesionista, ama de casa, estudiante o empresario.

Pero con todo respeto para mis amigos y no amigos del gremio de médicos, los galenos se llevan qué decimos la tarde, el día completo y pocos pueden competirles es este tema de la impuntualidad.

Las emergencias, las operaciones y una larga lista de "imponderables" diarios, son característicos para que el paciente con previa cita, tenga que esperar bastante tiempo para ser atendido.

Desde luego que habrá excepciones y mis más sinceras felicitaciones a quienes contrario a lo manifestado, son puntuales y respetan el tiempo de sus pacientes atendiéndolos a la hora programada.

Es impresionante, que tiro por viaje, perdón la expresión, los médicos atienden impuntualmente a quienes ya son sus pacientes y a quienes aspiran a serlo, la verdad es que, ya hasta creemos que se trata de una característica propia de la profesión.

Reitero que hay excepciones, pero por desgracia la gran mayoría tiene este mal hábito de la impuntualidad en el gremio médico, sin importar si la cita se hace el mismo día, un día antes o con un mes de anticipación.

Asumo la parte que me corresponda, pues no estoy exento y en este país quien lo esté que arroje la primera piedra, pero quienes son recurrentes que arrojen al precipicio el reloj y las agendas, ¿para qué las quieren?

Sabia virtud de respetar el tiempo, sobre todo el de los demás.

ftotrejo@gmail.com