El sector empresarial levanta la voz

Durante años, los mexicanos hemos escuchado recurrentemente que a este país le hacen falta las grandes reformas estructurales, a fin de iniciar una transición casi segura y sin escalas a un estadio de confort o en el peor de los escenarios, colocarnos en la palestra de los países llamados de primer mundo.

Sexenio, tras sexenio, los ejecutivos en turno, hacen su lucha a fin de sacar las reformas importantes que tanto reclama esta sociedad, sin embargo, casi siempre queda en el tintero o de plano, en reformas parchadas y mutiladas por los miedos y nuestro glorioso pasado.

Cuando se logran superar ciertos temores, surge la oposición sin sustento y fundamento, simplemente se bloquean las reformas por intereses de grupo y de partido y nuevamente pasan incompletas, sin lograr los cambios de fondo que se requieren.

Cuando no es chano, es chón o petra, pero siempre hay quienes se oponen de manera reiterada a las famosas reformas estructurales que este país requiere, a decir de expertos, en las distintas materias.

En el sexenio pasado prácticamente a finales del mismo, la esperada reforma laboral, fue aprobada todavía bajo el mandato de Felipe Calderón Hinojosa, aunque entró en vigor el primer día de Gobierno de Enrique Peña Nieto.

Para muchos, la citada reforma laboral quedó corta y no beneficia a nadie, hay quienes sostienen que perjudica a los trabajadores y favorece al sector patronal, quien por su parte asegura que estas modificaciones, permitirán mayores empleos, que impulsarán el crecimiento de la economía mexicana.

En el presente período sexenal y pese a la oposición del magisterio y otras organizaciones, en septiembre pasado, con la aprobación y promulgación de tres leyes secundarias, se consumó la reforma educativa, misma que según expertos, no soluciona completamente el problema de calidad y cobertura en el corto plazo.

En estos momentos, se debate a nivel nacional, con una fuerza inusual, por los partidos políticos, (PAN), editorialistas, el sector empresarial, nacional y extranjero, colegios de contadores entre otros, la reforma hacendaria, a quienes muchos la califican como “miscelánea mal hecha”, es decir, que no llega a una reforma seria.

En los distintos medios de comunicación, observamos la oposición férrea de empresarios, políticos, académicos, colegios, etcétera, quienes incluso han fijado su posición en desplegados y pronunciamientos concretos y propositivos, hecho sin precedentes en los últimos años en este país.

A pesar de que ya fue aprobada, en la cámara baja, con parches y adiciones, toca el turno al senado de la república, quien tiene en sus manos esta reforma, que por la postura de sus detractores se ve muy difícil de aprobar, a pesar de que políticamente parece solucionada.

Bajo cualquier análisis que se haga de la reforma presentada originalmente, con la que ahora se encuentra en el Senado, llegamos a la conclusión que existen grandes diferencias, no podemos pasar por alto los rubros que fueron prácticamente borrados, otros adicionados, como el impuesto a la comida chatarra y refrescos, es decir, en caso de que se apruebe, no será sustancialmente la presentada por el ejecutivo.

Que fue lo que realmente sucedió en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y sus asesores?, ¿acaso imaginaron que la presentada a los legisladores sería aprobada en sus términos?; ¿pusieron reformas que sabían no pasarían para negociarlas?, o ¿se les fue de las manos?

¿Qué pasó con el oficio político?, ¿qué con el consenso y cabildeo necesario, entre los distintos grupos parlamentarios y los principales sectores involucrados?; se les escuchó, se les tomó en cuenta, o simplemente se presentó, pensando que no existiría tanta resistencia.

Técnicamente, al menos el que esto escribe, no puede establecer si la oposición tiene o no argumentos o que la presentada por el ejecutivo es adecuada, lo que puedo señalar, es lo ilógico que al grueso de los mexicanos nos parecen impuestos a las colegiaturas, las hipotecas, etcétera.

Los impuestos a la comida chatarra y bebidas azucaradas, que involucra a grandes empresas nacionales y extranjeras, representa uno de los mayores obstáculos a salvar por la cámara alta, la que se encuentra presionada por los intereses de estas grandes corporaciones.

Según algunos editorialistas, la semana que recién concluyó, tanto el Secretario de Hacienda como el Jefe del Ejecutivo, fueron abordados telefónicamente por Directores mundiales de mercadotecnia de empresas como coca cola, a fin de evitar se graven los productos que elaboran.

Es cierto que la obesidad, no se ataca con impuestos, como muchos afectados lo señalan, pero también es cierto que el Gobierno Federal, emplea grandes recursos para atacar este y otros males de salud, generados por el consumo de estos productos.

Estos gigantes comerciales, no sólo temen se graven sus productos con los impuestos y porcentajes propuestos por los Diputados, su verdadero temor, estriba en que sirva de ejemplo a otros países de América y otras latitudes.

El tema de los impuestos, a nadie le agrada y resulta siempre, antipopular, por ello se dice, desde tiempos remotos, que se podrá amar a un Rey, se podrá amar a un Príncipe, pero el recaudador nos pone a temblar.