Las posadas y los reyes magos, qué le pedimos a los politicos

Las posadas con pastores, rezos y cantos, concluyendo con dulces, la piñata y el ponche, continúan vigentes en nuestra ciudad, cada vez menos, pero este peculiar evento decembrino se niega a desaparecer y a lo largo y ancho de la ciudad, sin importar la colonia siguen celebrándose.

Claro está, que pocas son las que respetan en rigor esta tradición, por ejemplo el viejo libro con rezos y cánticos, ahora es sustituido por el celular que con la ayuda de internet, nos permite ingresar rápidamente y darle seguimiento a las frases que se entonan individual y colectivamente.

Con el grave problema de la inseguridad que vivimos, es prácticamente imposible que desconocidos, chicos y menos grandes, formen parte de una posada a la que no fueron invitados, viéndolo positivamente se terminaron los gorrones, pero se acabó el andar de posada en posada, recabando las bolsitas de dulces, que nos duraban varias semanas.

Por ser cada vez menos las celebraciones de posadas, ya no se recorren las de la cuadra y menos la del barrio, ahora nos conformamos con asistir a una de las nueve; otro factor, el económico, sin duda contribuye a disminuir estos eventos.

Los pastores que son el alma de las posadas, prácticamente desaparecieron, ya no existen los niños pastores y peregrinos que escenificaban el andar de José y María durante los nueve días de posadas, que en nuestro país se celebran del 16 al 24 de diciembre.

En los pasados días pregunté a varios niños si habían asistido a posadas, algunos por desgracia ni las conocen, otros afortunadamente las conocían y otros, habían acudido por lo menos a una de ellas, aunque se quejaban de lo raquítico de las bolsitas de dulces.

Algunos de ellos, los más enterados cuestionaban la ausencia de la caña, cacahuates y de la piñata, pues no en todas las posadas existía la estrella de siete picos, que representa cada uno de ellos un pecado capital, al que el inocente niño, golpe a golpe vence al pecado.

Lo importante es que pese a todo, estas tradicionales posadas que se celebran en México y Centroamérica, desde los primeros evangelizadores y que representan el peregrinar de José y María, desde que salen de Nazaret, camino a Belén, se sigan celebrando.

Pero estas singulares escenificaciones, solían reunir a toda la familia, niños, jóvenes, adultos, por desgracia hoy pocos son los jóvenes que muestran interés por asistir a una posada, sobre todo si esta se efectúa haciendo hincapié en las penurias que José y María sufrieron.

Hoy muchas posadas si así se les puede llamar, son reuniones con música y refrescantes bebidas si tienen piquete mucho mejor, el ambiente se prende y a darle duro a la celebración decembrina, sin importar seguir el protocolo.

Respetable todo tipo de manifestaciones, sin embargo, independientemente de las cuestiones religiosas, es importante que se preserven este tipo de tradiciones, este país es eminentemente católico, por ello es de cuestionarse, ¿por qué no se han conservado o mantenido estos eventos?

Pero no sólo las posadas y todo lo que estas representan se esfuman de nuestras calles, otro acontecimiento peculiar y desde luego religioso de esta época lo constituye el día de los Reyes Magos, que en realidad, no se sabe cuántos ni el nombre de ellos, pero a lo largo de la historia se les asignó nombre y se señala a tres Reyes Magos de Oriente, quienes fueron a adorar al niño Dios, después de su nacimiento.

Así bajo el cobijo de esta tradición, millones de niños en todo el mundo esperan cada noche del 5 enero, que Melchor, Gaspar y Baltazar, dejen los juguetes solicitados, que por cierto, son bastos, sin importar el comportamiento durante el año, pues al final del camino se sienten merecedores de recibir sus obsequios, los pecadillos ahí quedan.

Pero la evolución, las épocas, los niños de ahora, la globalización, el internet y cualquier frase que utilicemos, ayudan a entender la posición del solicitante, hay quienes, conscientes o sabedores que los Reyes están pobres o muy gastados, se limitan.

En una comunidad del oriente de nuestra ciudad, varios niños hicieron su tradicional petición a los también llamados Santos Reyes Magos, muchas de esas cartas de niños y niñas de 7 años en verdad son conmovedoras y otras sorprendentes.

El grupo de preparatorianos y universitarios que se dieron a la tarea de organizar la entrega de juguetes a estos niños, quedaron sorprendidos de esas peticiones, muchos de esos pequeños pidieron zapatos y canicas, las niñas una pelota y unos tenis, probablemente a pesar de su edad perfectamente enterados de la economía de los Reyes.

Pero como en botica, también muchas cartas donde piden teléfonos celulares y tabletas con internet, tenis de marca, camisas de futbol de su equipo favorito con la palabra mayúscula "original", que a pesar de su edad saben de la existencia de la piratería.

Una carta que en lo personal me llamó la atención es la de una niña de una colonia irregular del sur de la ciudad, que a sus 9 años, pide que les rebajen el costo de agua y las pipas que le surten no se las cobren tan caras y adicionalmente una mochila.

Peticiones de todo tipo que sin duda tienen su origen y sustento en el entorno en que cada niño se desarrolla, o pretende desarrollar, lo ideal sería que sin importar las fechas los niños tengan un ambiente que les permita tener un crecimiento digno y dentro de todo feliz, por desgracia, esas si son peticiones que los Reyes Magos no podrán cumplir.

Tradiciones que deben conservarse estas y muchas otras, sin embargo, la reflexión obligada por el inicio de un nuevo año, nos hace abrigar esperanzas de cambio, de mejoras, algunas como Abigail, la niña de 9 años que pide en forma inocente una rebaja en agua de pipas, algo que como ser humano tiene derecho y cuya obligación natural le compete al Estado.

A Melchor, Gaspar y Baltazar, no les podemos pedir más que ilusiones, pero a los políticos de este país, no sólo les pedimos, exigimos, honestidad, trabajo productivo, seguridad, empleos, una economía que se refleje en las familias mexicanas, reducción al mínimo de la corrupción e impunidad, buena educación, seguridad social, justicia.

No es una carta a los Reyes Magos de Oriente, es una carta a quienes viven como Reyes a costa de un país con millones de pobres, con una clase media prácticamente desaparecida y con una desigualdad social cada vez más marcada.

Es una carta a quienes son magos y hacen de su sueldo, lo que Jesucristo con el pan y terminan con verdaderas fortunas inexplicables y que a pesar de los señalamientos no pasa absolutamente nada.

ftotrejo@gmail.com