La zona más peligrosa del mundo, primer lugar que nos resistimos a dejar

Hace algunos años, la región  fronteriza de chihuahua era catalogada como la más peligrosa del mundo, nos referimos en concreto a Ciudad Juárez, Chihuahua, tierra de nadie o mejor dicho, sólo de las organizaciones criminales que operaron durante muchos años en aquellas latitudes.

Los homicidios, fundamentalmente de mujeres, atrajeron  el interés mundial sobre estos desafortunados hechos, combinados con asesinatos colectivos de jóvenes totalmente ajenos a los grupos delictivos.

Este vergonzoso primer lugar mundial, perduró durante muchos años y afortunadamente la delincuencia en esa ciudad fue disminuyendo, no en los índices que todos quisiéramos, pero a fin de cuentas, existe una disminución importante.

Pero por desgracia, ahora el primer lugar fue ocupado por ciudades de un estado que si bien estaba dentro de las entidades más inseguras del país, sólo fue cuestión de tiempo para que Tamaulipas desbancara a Ciudad Juárez, convirtiéndose en el lugar más inseguro, del orbe.

Con motivo del cambio de Gobierno, la ciudadanía abrigó esperanzas de que la ola delictiva que azotó durante años al país, disminuyera, porque también estamos consientes que no es posible erradicarla totalmente, pero por desgracia la percepción que se tiene, es que las cosas siguen igual que antes, aunque es temprano para hacer un análisis serio.

Tamaulipas tiene desde hace varios años, a las organizaciones criminales más sanguinarias del país y sus habitantes huyen de sus comunidades convirtiéndose en  pueblos fantasmas, que son ocupados por criminales de todo tipo.

Pero no sólo Tamaulipas, otras zonas del territorio nacional experimentan día a día todo tipo de fechorías y atracos, sin que las autoridades de los tres niveles de gobierno hagan bien su trabajo, por el contrario, se habla de que éstas están coludidas.

Michoacán, es claro ejemplo de que las cosas no mejoran y en muchas otras latitudes del país las cosas siguen igual o incluso existe la percepción de están peor, aunque reitero, es temprano para exigir cuentas al gobierno federal, pero en estos temas tan escabrosos no se puede esperar tanto a los resultados.

La participación del ejército mexicano, cada vez se cuestiona con mayor dureza, pues por desgracia, las fuerzas armadas han cometido una serie de atropellos y violaciones a los derechos humanos en todo el país y los resultados son a cuenta gotas, si es que existen.

Los habitantes de este país, sobre todo de las zonas donde se encuentra con mayor presencia la delincuencia organizada, se preguntan, porque no se detiene a estos sujetos, pues pobladores y vecinos de esos lugares saben perfectamente donde operan y donde viven; ¿ acaso las autoridades lo ignoran ?

Existe en nuestra sociedad, la creencia prácticamente generalizada, de que las fuerzas de seguridad de todos los niveles de gobierno se encuentran coludidas con la delincuencia organizada y este sentimiento es grave y desalentador, pues no se vislumbra que sean las autoridades quienes pongan punto final en este tema.

La falta de confianza, la desesperación e impotencia de miles y miles de habitantes en zonas álgidas, generan organizaciones o grupos vecinales, que ante la ineficiencia de los cuerpos policiacos y la percepción de colusión con grupos delictivos, deciden tomar las riendas del problema o al menos eso es lo que pretenden.

Policías comunitarias han surgido por estas causas en muchos rincones del país, principalmente en zonas del estado de  Michoacán, donde el hartazgo llegó a su límite y pobladores, hombres mujeres y niños armados, defienden su vida, libertad y bienes.

Nuestros jóvenes, ante la falta de oportunidades en este país, están atraídos por el dinero fácil y lujos materiales que obtienen supuestamente sin mayor esfuerzo e incluso se fomenta una especie de moda, o porque no llamarle forma de vida,  con vestimentas, bebidas alcohólicas y música  que los identifica.

Es indudable la pérdida de valores en nuestra sociedad y una pasividad desmedida de las autoridades, que fomenta esta lamentable pérdida, los jóvenes de 18 y 20  años en la actualidad, han experimentado durante su corta vida, sólo violencia, no conocen otra cosa.

Como sociedad, no estamos dimensionando el grave problema que genera la violencia que estamos viviendo desde hace ya varios años, las repercusiones son por desgracia alarmantes e inciden fundamentalmente en niños y jóvenes, estamos creando escuelas del crimen a lo largo y ancho del país.

La violencia, solo genera más violencia y desde luego que se  debe atacar de raíz, pero también es necesario  fortalecer el amor a la patria, exaltando nuestros valores familiares,  cívicos, e incluso religiosos, vaya, es urgente echar mano de todo, para poder salir adelante.

En estos momentos son regiones determinadas las que por desgracia sufren profundamente con la delincuencia en general, ya no sólo estamos ante la presencia del crimen organizado, esta crece sin ton ni son, sin control, sin atención eficaz.

No podemos esperar a que el país completo arda en llamas, más allá de las reformas estructurales que ayudarán a disminuir este caos a mediano y largo plazo, urgen programas eficaces que minimicen esta lapidaria onda delictiva que tanto nos daña y que por desgracia nos marca para siempre.