¿Quién paga en las malas relaciones entre niveles de gobierno?

La credibilidad de la ciudadanía en la clase política de los tres niveles de gobierno, es cada día menor, no sólo se dejó de creer en las promesas de campaña que por desgracia e irremediablemente sólo quedan en eso, o al menos es la percepción que se tiene.

La confianza perdida cada vez es mayor, al grado, de poner en tela de juicio todo lo que se diga para bien o para mal: “la burra no era arisca”, reza un refrán popular muy sabio y en lo político, los ciudadanos nos cansamos del discurso y poca  efectividad en las distintas acciones de gobierno.

El problema se vive, reitero, en la Federación, Estados y Municipios, siendo este último ámbito en donde más se siente y más cala; el ciudadano reclama a su presidente municipal, a su delegado, quienes son la autoridad más cercana y la más fácil de acceder.

Las dificultades del nivel que se trate, se sienten y se viven en la calle, barrio, colonia, por ello, es al presidente de un municipio al que primero se reclama, sin reparar ni importar, si son problemas estatales o federales y esto tampoco es culpa del ciudadano, es la falta y en ocasiones ausencia, de coordinación, colaboración y apoyo, las verdaderas causas.

No es posible tolerar esta falta de coordinación o colaboración entre los diferentes entes del estado, que repercuten en la población y se deben buscar los mecanismos que permitan que sean más eficientes y oportunos los apoyos.

Sin embargo, lo que es reprobable,  reprochable y falto de ética, es que se regatee el apoyo y colaboración por intereses de grupo, de partido, esto no se puede seguir tolerando, es condenable y se escupe para arriba.

A la federación, hoy en día no le conviene que un estado o región del país  esté al margen de los proyectos nacionales, simple y sencillamente no tiene una justificación, por el contrario, sería aberrante, independientemente del partido gobernante.

Por desgracia en algunos estados del país, parecen no entender que llegando al poder se gobierna para todos y no para un partido, el crecimiento debe ser uniforme y adecuado en todos los municipios, independientemente que sean gobernados por otros grupos.

En el caso concreto de Guanajuato, recuerdo perfectamente la mala o nula relación existente entre el gobierno de esta entidad y el municipio de León en la época del ahora Senador Juan Carlos Romero Hicks, entonces Gobernador y Ricardo Alaníz  Posada, presidente municipal en turno.

El problema entonces se centraba en las intenciones del alcalde leonés para contender en su partido como candidato a la gubernatura del estado, aspiraciones que castigaron a esta ciudad, con la falta de apoyo en distintos rubros, por más que en el discurso se señalara lo contrario.

Curiosamente, al anunciar oficialmente el edil local, su deseo de no contender por la gubernatura en el mismo acto, esto es, en el informe de gobierno, el ejecutivo estatal, anunció con bombas y platillos un paquete de obras importantes para la ciudad, lo cual regateó tiempo atrás.

Pero las relaciones entre gobernantes de distinto partido, que se dan en todos los colores y sabores en este municipio y estado, son recurrentes, aunque con menos intensidad, Vicente Guerrero padeció por otras causas, poco apoyo de Juan Manuel Oliva.

De nueva cuenta, Ricardo Sheffield Padilla por las mismas causas de aspirar a la gubernatura del estado, fue bloqueado por Juan Manuel Oliva y la relación fue mala, generando como siempre, consecuencias negativas para los habitantes del terruño.

Le toca el turno a Miguel Márquez y tal parece que el inicio de su gestión y la de la alcaldesa tienen por desgracia el mismo derrotero que sus antecesores lo cual no es posible, no podemos seguir padeciendo la falta de apoyo; hoy, el congreso en su mayoría a fin al gobernador, regatea un crédito importante que Bárbara Botello pretende  y que a juicio de los que saben es adecuado en cuanto condiciones crediticias.

Miguel Márquez Márquez, parece un político distinto y además no le queda de otra, su actuación debe ser mucho más eficaz, discreta y convincente después del chiquero que le dejaron, tiene la gran oportunidad de demostrar y cumplir  los compromisos que adquirió en campaña, con el único afán de beneficiar a los guanajuatenses, independientemente del color.

Las aspiraciones políticas de la hoy alcaldesa, deben pasar a segundo plano, aunque dicho sea de paso a diferencia de Sheffield y Alaniz, no ha externado cuales sean estas.

Por cosas como estas, la credibilidad a la que nos referimos esta por los suelos, la diferencia es que el conocimiento de estas y muchas acciones o abstenciones de gobiernos, saltan a la luz pública con mayor rapidez en las redes sociales y tienen un costo político.

Ya existen algunas calificaciones a nivel nacional para el Presidente de la República y su gabinete; la de Diputados y Senadores, siempre la hemos sabido; sería importante conocer en los próximos días, ¿cómo evaluamos los guanajuatenses al Gobierno Estatal y nuestros respectivos municipios?.