Estamos a merced de la delincuencia

Poco o mucho podemos hacer en lo individual en materia de seguridad, los ciudadanos estamos desprotegidos y a expensas de la delincuencia organizada y común, así como de los malos policías.

Hoy, por más que la retórica oficial de los tres niveles de gobierno aseguren que las cosas mejoran, la percepción de la ciudadanía y los hechos, demuestran lo contrario y la ola de violencia crece bestialmente.

Se podrán tener resultados en reformas tantos federales como estatales, algunas incluso del agrado ciudadano, como la eliminación de algunos impuestos, que benefician a distintos sectores, fundamentalmente al empresarial y que resulta válido.

Reza una frase proverbial: cada uno habla de la feria como le va en ella; y por todos y cada uno de los rincones de este país, millones de mexicanos hemos sido víctimas en forma directa o indirecta de actos delictivos diversos.

Le excepción, será de aquellos que afortunadamente no han sufrido en su persona o en sus bienes, la comisión de un delito, desde aquellos llamados de alto impacto hasta uno menor, por llamarlo de alguna forma.

Estamos entonces, no sólo ante una actitud social perceptiva por parte de la ciudadanía, ya no es sólo esto, formamos parte del extenso padrón ciudadano de todos los estratos socioeconómicos, que hemos padecido esta bestial ola delictiva.

¿Qué cómo nos va en la feria? de la chin…, no hay de otra; en materia de inseguridad, estamos inmersos en una ola delictiva, con robos, homicidios, levantones, secuestros, violaciones, extorsiones, un catálogo inagotable para la delincuencia organizada y la común, si es que así se le puede llamar.

Millones de mexicanos en ya bastantes años, constatamos día a día, cómo a lo largo y ancho del territorio mexicano, se han incrementado esos delitos y por desgracia no se ve cómo disminuirlos a corto o mediano plazo.

Todo Estado, debe tener como una de sus prioridades, otorgar seguridad y tranquilidad a sus habitantes; el mexicano, no debe ni puede ser la excepción; pero todo funciona diferente, pues la creación de comisiones, consejos nacionales y estatales en materia de seguridad, poco o nada han logrado.

¿Hasta cuándo cambiarán las cosas? ¿Tenemos que esperar a que se toque fondo y tener fundadas nuestras esperanzas en el ámbito religioso exclusivamente?; que mucho ayuda en el ánimo social, pero cuya tarea corresponde al gobierno de los hombres, que no han hecho su trabajo.

¿Cuándo regresaremos a la tranquilidad y seguridad tan añorada de hace algunos lustros en el país? No se trata de partidos políticos y de gobernantes extraídos de cualquiera de los existentes en México, se trata de un problema económico social, entre muchos otros, que el sistema político en esta Nación no ha podido manejar correctamente.

Las preguntas son muchas y las respuestas no existen o no convencen;  la confianza en los cuerpos policiacos y de las autoridades competentes es nula y la credibilidad de cambio y mejora en materia de seguridad en los discursos de los políticos, es cada vez más cuestionada.

La corrupción e impunidad, abonan y agravan severamente el tema de la inseguridad, el panorama repetimos, no es muy halagüeño, por el contario, es de desesperanza, temor y terror a los hechos que a diario vivimos.

Con asombro y tristeza, vemos que el crimen organizado y la delincuencia en general han rebasado a las autoridades, que lejos de reconocer el grave problema que vivimos, emiten discursos que pocos o nadie, comparten.

La inseguridad, ha y está cobrando muchas vidas y ha dejado en la orfandad a cientos de miles de niños cuyas cifras no se saben con realidad, así como tampoco se les ha dado seguimiento.

La participación ciudadana es vital, debemos asumir una actitud diferente y organizarnos con los vecinos, con los compañeros de trabajo, en las escuelas, en nuestro entorno en general, habrá que denunciar inmediatamente cuando observemos algo anormal, en fin, ser mucho más participativos en este tema tan sensible.

Si las autoridades no quieren o no pueden, exijámosles e involucrémonos, no esperemos a ser víctimas directas para manifestarnos, es nuestro derecho y una obligación ineludible de todo gobierno.

La sociedad mexicana está marcada ante la exacerbada violencia e ineptitud gubernamental, binomio lacerante para la ciudadanía que difícilmente olvidará y que tendrá que cargar durante varias décadas, no sabemos cuántas, pero lo que sí es seguro, es que pasará mucho tiempo para olvidar estos años de terror.

Entre más tiempo pase para disminuir en realidad esta delincuencia, mayor será el daño que socialmente cause y mayor el tiempo para sobreponernos, algún día se tendrá la oportunidad de  cobrar factura social, exigiendo cuentas a quienes no han podido brindarnos un espacio de tranquilidad.

Muchas gracias, a todos aquellos que me otorgaron su apoyo y solidaridad durante estos más de tres meses. 

ftotrejo@gmail.com