¿Quién mece la cuna?

Sin duda el momento más desafortunado en la carrera política del Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, es el actual, el mexiquense enfrenta serios cuestionamientos por diversos escándalos, principalmente por problemas de violencia en el país.

La percepción de la ciudadanía, es que la violencia lejos de disminuir se incrementa en forma alarmante en muchas regiones del territorio nacional, las grandes reformas logradas en la actual administración federal,  no son suficientes para cambiar el sentir de la sociedad.

Pero algo está pasando desde las entrañas del poder, lo sucedido en la multimillonaria licitación a la que se le dio reversa, las reacciones a la condenable y vergonzosa desaparición de los jóvenes normalistas y para acabar, el ventaneo de la ya famosa casa blanca mexicana, no son obra de la casualidad.

Por desgracia en nuestro país, la violencia se ha convertido en algo cotidiano desde hace ya muchos años; muchos, para una sociedad que día a día la padece, y probablemente pocos, para un estado incapaz de ponerle un alto.

¿Serán los lamentables acontecimientos de  Ayotzinapa la gota que derramó el vaso?, o también, ¿Se han colgado intereses de otro tipo que sólo buscan llevar agua a su molino,  independientemente de lograr esclarecer los hechos y castigar a todos los culpables?.

Sería mezquino pensar que se utilice el dolor de los padres de familia y familiares con tintes de otro tipo, pero no se debe descartar, pues los enemigos del ejecutivo, que desde luego los tiene, aprovecharan cualquier error para exhibirlo.

Desde que se incrementó la violencia en el país, han sucedido en varias regiones del territorio nacional hechos verdaderamente atroces como el de Ayotzinapa y las reacciones nacionales e internacionales condenando los mismos, se han hecho notar, sin embargo al menos las locales en el los acontecimientos de Iguala, han tomado otros cauces.

Muchas son las protestas que por la desaparición de los normalistas en forma legítima se han hecho notar en todo el país, en redes sociales, medios de comunicación, marchas y plantones y desde luego, que existe el apoyo de la sociedad para repudiar conductas salvajes y enfermizas de los autores materiales e intelectuales.

Pero lamentablemente, existe una gran lista de acontecimientos similares a los de Guerrero, que desde luego, son también condenables y que en su momento fueron repudiados, pero no con la misma fuerza.

Recordemos el hallazgo de las denominadas “narcofosas” en Durango, donde inicialmente encontraron 231 cadáveres que culminaron en un macabro saldo de 263 víctimas cuya lista se fue incrementando.

Las fosas encontradas en el municipio de San Fernando, Tamaulipas, en donde en dos momentos encontraron cuerpos de indocumentados y mexicanos asesinados brutalmente por los “zetas”.

En un primer hallazgo en agosto de 2010, se encontraron en el rancho del Huizachal, del Municipio de San Fernando, 72 cuerpos, la mayoría de centro americanos, que en la búsqueda del sueño americano encontraron la muerte.

En el segundo, los cuerpos encontrados fueron 192, localizados durante el mes de abril del año de 2011, pertenecientes según las autoridades la mayoría de ellos, a pasajeros de autobuses secuestrados por la misma organización delictiva.

De los estudiantes de Ciudad Juárez, 15 jóvenes, entre los 13 y 19 años acribillados impunemente en el año 2010, en  una fiesta organizada después de un evento deportivo en aquella ciudad fronteriza.

De los 18 jóvenes asesinados en una fiesta y antros en la  ciudad de Torreón Coahuila, cuya difusión fue mínima y opacada por otro tipo de notas nacionales, como por desgracia suele suceder en el  país.

Y qué decir del asesinato masivo de 52 personas acribilladas y quemadas en el casino Royale de la ciudad de Monterey, Nuevo León y que le dio la vuelta al mundo, donde se condenaban los hechos y se pedía urgentemente castigo a los culpables.

Estos son sólo algunos de los hechos delictivos de una gran lista, que al menos la mayoría de los habitantes de este país, no sabemos qué curso tomaron las investigaciones, si se logró capturar y castigar a los culpables.

Pero el mayor número de muertos en el país, no se cuentan en estos acontecimientos masivos muy lamentables y reprobables, la mayoría está en aquellos asesinatos ocurridos al robar, en los levantones y secuestros, aquí también hay que investigar y dar resultados.

Quienes hemos sido víctimas de la delincuencia, “organizada” o “común”, también tenemos derecho a exigir y nos solidarizamos con los familiares de todos aquellos que han muerto en esta época de terror en el país, pero pedimos que también se solidaricen con quienes no pertenecemos a organizaciones o no politizamos las desgracias.

¿Por qué no existieron marchas y protestas en los hechos señalados, con la misma intensidad de los de Ayotzinapa?; ¿Será como ya expresamos, la gota que derramó el vaso y la sociedad dice ya basta?; ¿Por fin despertamos o alguien mece la cuna con fines distintos?

ftotrejo@gmail.com