La vigencia del discurso de Luis Donaldo Colosio Murrieta

Parece que fue ayer, título de bella canción compuesta por Armando Manzanero y que refiere el paso del tiempo en forma breve y que hoy nos sirve para recordar el célebre discurso del sonorense Luis Donaldo Colosio, aquel 6 de Marzo de  1994 en la explanada del monumento a la Revolución.

Aquel memorable discurso, donde el político norteño reconoció los grandes atrasos sociales, la corrupción, la violación sistemática de la ley y los antiguos  agravios a la ciudadanía y los nuevos reclamos, está más vigente que nunca.

La visión del sonorense observando un México empobrecido, con rezagos,  sin empleo, de jóvenes que ante la falta de oportunidad engrosan las filas de la delincuencia, con hambre y sed de justicia, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley  quienes deberían de servirla.

Hace 21 años Colosio Murrieta sostenía, que México, no podía esperar, que la sociedad exigía urgentemente respuestas, refería que era necesario transformar la política para cumplir a los compatriotas.

Urgía la reforma del Poder para democratizarlo, criticando y cuestionando la concentración del mismo,  que ocasionaba abusos y desviaciones en contra de la ciudadanía y que era la causa y origen  de muchos de nuestros males. 

En dicho discurso Luis Donaldo, señaló la necesidad de dicha Reforma a fin de crear una nueva relación del ciudadano con el Estado, fijándole al presidencialismo un margen de maniobra estrictamente dentro del parámetro constitucional.

Indicaba la exigencia de un fortalecimiento a las Cámaras que conforman el Congreso, donde se respetara su autonomía y las decisiones emanadas de dicho cuerpo legislativo.

Así también recalcó aquel 6 de marzo de 1994, hacer del sistema de impartición de justicia una instancia independiente, de la máxima respetabilidad y certidumbre entre las instituciones de la república.

Luis Donaldo Colosio, pronunció aquel discurso, en el que a decir de muchos incomodó a la clase política mexicana, sobre todo a quienes se encontraban en el poder.

Su muerte impidió a los mexicanos, saber y comprobar si en realidad el político de Magdalena de Kino, pretendía modificar las cosas para bien de los mexicanos en general.

Lo cierto es que Luis Donaldo, cautivó y sigue cautivando con ese discurso que rompió los esquemas discursivos en la política de la época, en donde la demagogia prevalecía, con una adoración aberrante a la figura presidencial.

Los errores  del sistema político en general reconocidos y puntualizados por el sonorense, desde luego que desagradó a varios políticos de todos colores y sabores, lo que abonó a su trascendencia.

Cierto que han pasado 21 años, pero las necesidades de la sociedad son las mismas, incluso, sin exageración, la pobreza proporcionalmente se ha disparado, la inseguridad, corrupción, impunidad y rezagos en general se han incrementado.

La clase política está totalmente desgastada, con un sistema político agotado, donde la credibilidad de quienes lo conforman, es prácticamente nula, por los recurrentes actos de corrupción e impunidad que les rodea.

Es alarmante y materia de reflexión de toda la ciudadanía, sobre todo de la clase política, observar como después de 21 años del discurso en comento, las necesidades y reclamos son los mismos.

Es probable que en muchos rubros como ya señalamos, las cosas no sólo no mejoraron, por el contrario empeoraron y no existe argumento que lo justifique o trate de minimizarlo, hacerlo es demagogia.

La injerencia de la Presidencia de la República en el legislativo y en el judicial son evidentes, los partidos políticos, se entregan de acuerdo al dirigente en turno, los organismos electorales, por más que les cambie de nombre siguen cuestionados y con poca credibilidad.

En el poder judicial de la federación recién observamos la terna del ejecutivo, en donde el congreso apoyó la misma designando como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a Eduardo Medina Mora.

Que por cierto, fue Apoyado por los Senadores Guanajuatenses, quienes señalaron al menos uno de ellos, que los cargos que con anterioridad ostentó dicho personaje no son cualquier cosa.

Y es probable que lo expresado por ese Senador sea cierto, el problema es que su actuación no fue la deseada, motivo por el cual no sólo se deben de evaluar los cargos que ostentó, sino que lo haya hecho bien, como es su obligación.

Ser Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, no es cualquier cosa, quien desempeñe ese cargo debe sur un jurista en toda la extensión de la palabra, además de cumplir con el perfil necesario.

Si en otras épocas se cometió el mismo error, repetirlo no se justifica, por el contrario debe reprocharse.

Las cosas por desgracia no cambian, al menos para bien.

Parece que fue ayer … 

 

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