La credibilidad de los mexicanos en el gobierno, por los suelos

Mucho se ha dicho que el sistema político mexicano, tanto en partidos políticos, autoridades electorales y administración pública, está acabado, que el modelo que sigue operando a pesar de que se diga lo contrario, es anacrónico e incapaz de transmitir certeza y confianza a la ciudadanía.

Si las autoridades señalan que no habrá aumentos, lo más seguro es que sí existan, que la economía está mejorando cuando en realdad esta declive, que tal o cual funcionario está más fuerte que nunca y al día siguiente lo despiden.

La diferencia entre el discurso y los hechos es diametralmente opuesta, la mayoría de la clase política mexicana y la sociedad, nos hemos acostumbrado a vivir entre verdades y mentiras a medias.

Las recientes reformas fueron duramente criticadas por la ciudadanía en lo general sin siquiera conocerlas, se trata del deporte nacional por excelencia, siempre  la descalificación a priori.

Las reformas, independientemente de la que se trate y en su caso del esfuerzo, talento o dedicación para sacarlas adelante, son cuestionadas y minimizadas; todas están mal, los legisladores y asesores son unos brutos, al igual que los gobernantes de todos los niveles de la administración pública.

En México, lo que es un hecho es la descalificación con y sin argumentos, casi siempre sin ellos; comerciantes, empleados, empresarios, profesionistas, que no pagan impuestos o que pagan muy poco, son los primeros en quejarse de la reforma hacendaria.

Pero el burro no era arisco, así se fue “educando” a la población, ante la descalificación poco o nada se hace por parte del gobierno, la falta de información y  temor de romper con viejos paradigmas obligan a los políticos a actuar en tinieblas, en ocasiones entre menos se conozca del tema mejor.

La credibilidad en el sistema político mexicano como lo señalamos hoy, es prácticamente nula, se asocia siempre al político o servidor público con la deshonestidad, se le identifica como corrupto y mucha culpa tienen los partidos políticos que en su afán de lograr consensos internos no siempre mandan a competir  a sus mejores cuadros.

El binomio letal de corrupción e impunidad que vivimos en nuestro país desde hace muchos años se convierte por desgracia en algo normal, tolerante, al final no pasa nada, las cosas siguen y seguirán igual.

En el extranjero se felicita al gobierno de la república y a los mexicanos por haber  logrado estas reformas estructurales, pero en lo interno, no sólo están ausentes los reconocimientos, las criticas sin sustento se dejan escuchar todos los días, que nos sucede?

El fin de semana pasado se logró la captura de uno de los hombres más buscados a nivel mundial, nos referimos a  Joaquín, el Chapo Guzmán, personaje del que se dicen cosas inverosímiles y extraordinarias, dignas de un súper hombre.

En la televisión nacional y mundial salen imágenes del afamado “Chapo” al ser detenido, sin embargo, los cuestionamientos sobre su verdadera identidad  no se hicieron esperar: el ahora detenido esta muy joven, tiene más pelo, no se parece y por lo tanto, no es  el Chapo Guzmán.

El cuestionamiento vienen de diversos actores políticos que veladamente lo dejan ver entre líneas, por desgracia algunos medios hacen lo propio, lo cual me parece irresponsable.

No se debe regatear la detención de este personaje, el mérito es grande tanto para la Marina, Ejército y  Fuerza Aérea, así como la PGR, Policía Federal y  el Gobierno de la República, no se debe descalificar todo.

La presentación de este hombre polémico se efectuó de forma lacónica, seria, anteponiendo el resultado de las pruebas de ADN practicadas, desde luego que todo se puede montar, pero estoy convencido de que no es el caso.

Es mucho lo que está en juego para arriesgarlo, como otrora lo hacía al más estilo hollywoodense, Genaro García Luna, las consecuencias internas e internacionales sería fatales y acabarían políticamente con el gobierno en turno.

Es tiempo de cambiar nuestra actitud respecto a las acciones de gobierno, cuestionemos y exijamos resultados, pero no descalifiquemos simplemente por hacerlo, las relaciones gobernado y gobierno deben ser constructivas.

No caigamos en la trampita de políticos y medios que todo destruyen, que nada les parece, no nos dejemos engañar, tan malo es alabar, como cuestionar cuando no existen argumentos para hacerlo.

Es cierto que es una responsabilidad del gobierno y que es su obligación, pero precisamente por ello,  si no lo felicitamos, por lo menos reconozcamos que están haciendo las cosas que les corresponden bien, basta de regateos que no deja nada bueno.

Felicitémonos por esta detención, por lo que significa y por todas las acciones de gobierno que buscan mejorar este gran país que habitamos, abandonemos las viejas prácticas de la descalificación que a nada bueno nos conducen.

ftotrejo@gmail.com