De un Estado autoritario a un Estado retado por la delincuencia (primera parte)

Durante la historia de la humanidad, siempre han existido y existen por desgracia estados autoritarios, aquellos que no admiten crítica y en caso de que se haga ésta es reprimida; los Gobiernos de este tipo, se dieron principalmente en la Sociedad preindustrial, aunque en nuestros días, continua prácticamente en todo el mundo.

El surgimiento de la democracia aminoró en gran medida esa exacerbada  autoridad y cada día se cuenta con mayor libertad en países o regímenes  democráticos, esa libertad permite manifestarse y expresar ideas respecto a la forma de gobierno sin temor a ser encarcelado o reprimido.

En el México posrevolucionario, la hegemonía de un partido político en el poder generó autoritarismo y represión, sin duda el evento más significativo  que marca al Gobierno mexicano como opresor fue el de octubre de 1968, donde fueron  asesinadas muchas personas, principalmente jóvenes y otros tantos encarcelados y perseguidos.

Las reformas políticas, la alternancia en el poder, la creación de organismos autónomos en muchos rubros del quehacer público en el país, entre otras muchas acciones, fueron paulatinamente disminuyendo la opresión del Estado.

Sin duda la sociedad civil tiene gran  participación con la creación de Organismos no gubernamentales que se crearon como contrapeso del poder y se convirtieron en críticos severos y hasta policías del actuar gubernamental.

Sin embargo, el mayor logro en el México reciente, lo encontramos en 1990, con la creación nacional de la comisión de derechos humanos, que en junio de ese mismo año registró su primera sesión.

En los estados del país se fueron creando igualmente Comisiones Estatales, algunas sólo como parapeto o comparsa por desgracia, y otras tantas, sin fuerza o gran injerencia, pues gran parte de sus observaciones no se cumplen.

Fue en el año de 1999, donde el ejecutivo dejó de nombrar al Ombudsman y esa atribución se le otorgó al legislativo, concretamente a la Cámara de Senadores, lo que en apariencia genera mayor transparencia y efectividad.

Los Derechos Humanos llegaron a la cúspide por decirlo de alguna manera, cuando en junio de 2011, se reforma la constitución para hacer un reconocimiento pleno a los mismos, incluyendo aquellos observados en convenciones o tratados internacionales donde nuestro país haya sido parte.

Este reconocimiento constitucional, establece la obligación de la autoridad a que de manera oficiosa defienda el respeto absoluto a los derechos humanos establecidos en el derecho positivo mexicano e internacional, e incluso señala, que se debe privilegiar la norma que más favorece a la persona principio pro- homine.

Por desgracia La Suprema Corte de Justicia de la Nación, en uno más de sus cuestionados criterios reculó y dijo que siempre no y puso en el mismo nivel a la norma nacional y a la internacional.

Como abogado y ciudadano, festejo estos avances que el pueblo de nuestro México ha logrado construir más por insistencia, reclamo organizado y presiones internacionales, que por deseo de Estado, no se pueden tolerar violaciones de la autoridad y menos quedar impunes.

Pero, ¿qué pasa con los derechos humanos que en este país?, se violan a diario  desde hace ya muchos años por parte de la delincuencia organizada y no organizada, con las reformas la violación a estas prerrogativas también las hacen los particulares, de ahí que se pueda promover el amparo contra particulares.

La percepción que la sociedad tiene es que se respetan o se trabaja más en la defensa de los derechos de los criminales y delincuentes que en el derecho de la víctima,  es al  infractor a quien se favorece, ¿qué nos está sucediendo?

Millones de mexicanos y ciudadanos de otros países somos víctimas recurrentes de la delincuencia, el robo de mi auto, de  bienes en mi casa, con los asaltos con y sin violencia, con los delitos de alto impacto como el secuestro, homicidio, violaciones, extorsión que se cometen durante los 365 días en el territorio nacional.

¿Dónde quedan mis derechos humanos?, lo más grotesco es que el victimario se convierte en víctima y logra salir libre, por tecnicismos y fallas en el debido proceso, ahora ya no es el estado el que directamente viola los derechos humanos, es la delincuencia solapada por las Autoridades.

Esta transición de un estado Autoritario a uno sometido y manejado en los hechos por la delincuencia, nos ha dejado sin duda más víctimas, las comparaciones son malas y más tratándose de pérdidas de vidas humanas, daños físicos, psicológicos  y lesiones entre otros, pero el saldo en contra, es mayor.

En las manifestaciones y tomas de carreteras, vías públicas, plazas, edificios, se violentan muchos más derechos humanos a la población en general, que a los manifestantes si se les reprimiera.

No sugiero un retroceso o que no se les respeten sus derechos a los delincuentes, pero la prioridad es y debe ser la víctima y la sociedad, algo se debe de hacer al respecto, pues ahora, reitero, quien comete más violaciones a los derechos humanos es la delincuencia en general.

ftotrejo@gmail.com