Nostalgia pueblerina

Con verdadera nostalgia, muchos de los leoneses añoramos las épocas de tranquilidad y seguridad que se vivía en el terruño hasta hace todavía algunos años, por desgracia, el crecimiento desmedido y sin orden que se dio en el municipio, sumado a la creciente ola de violencia que afecta al país, entre otros factores, nos están cobrando factura.

Generaciones que me preceden y varias posteriores, podemos recordar, como de niños nos trasladábamos de nuestras casas a la escuela, caminando, en bicicleta o transporte público, sin temor, sin riesgos mayores, independientemente del horario escolar que nos correspondía.

En esta, nuestra ciudad, era parte del entorno urbano la cascarita futbolera en plena calle, entre otros juegos que los menudos de aquella época practicamos con un mínimo riesgo, eso sí, con el regaño de los padres, abuelos y uno que otro vecino malhumorado por los pelotazos y vidrios rotos.

Los paseos al centro de la ciudad eran inevitables, sobre todo los domingos y días festivos, tomar la cebadina, comprar revistas infantiles, los dulces y chocolates en los portales, formaban parte de las actividades recurrentes de los habitantes del pueblo.

Cada quince días, concretamente los domingos, comprar las tortas de balta o las de carnitas de Crispín, para acudir al estadio a las 12 del mediodía a presenciar los encuentros de futbol del equipo local, se convirtió en toda una tradición.

Y qué decir de las nieves del barrio de San Juan de Dios, de la Rivera, entre otros puntos, las guacamayas, jícamas, las lechugas de la estación de ferrocarril, si bien, las podemos encontrar, cada vez es más difícil.

La estación del ferrocarril en león, prácticamente inexistente, sin atractivo, los paseos a las zonas arboladas que se encontraban a las orillas de la ciudad, simplemente desapareció, pues ya no se cuenta con aéreas verdes.

Acudir al mercado, a la tienda de la esquina, esperar "la vaquita" para comprar el pan y la leche hoy en día es menos recurrente, a cambio, contamos con grandes cadenas nacionales e internacionales de tiendas de autoservicio, que en algunos casos por su presencia y expansión, se convirtieron en las tienditas de la esquina.

El crecimiento demográfico, es factor importante para la pérdida de tradiciones, costumbres, identidad, sin embargo, son fundamentalmente los fracasos institucionales, los verdaderos responsables.

Las autoridades, manejan un doble discurso, al señalar que es prioritario mantener nuestras costumbres e identidad, pero no implementan las políticas adecuadas para preservarlas, por el contrario, abonan a que estas se pierdan.

La migración de indígenas a las grandes ciudades y León, no está exenta, contribuye a la perdida de cultura, resulta chusco, por llamarle de alguna manera, observar a indígenas en esta ciudad y en muchas otras, vendiendo sus productos, o pidiendo limosna, con su celular a un lado, es cierto no se les puede excluir de la "modernidad", pero lo grave es el abandono de su identidad.

El crecimiento no es malo, en las décadas de los años setentas e incluso al inicio de los ochentas, la ciudad contaba con escasas instituciones de educación superior, tanto públicas como privadas y quienes aspirábamos a ser universitarios, en su gran mayoría teníamos que emigrar.

En la actualidad, afortunadamente se cuenta con una importante infraestructura educativa, donde no sólo se tiene acceso a las licenciaturas, las universidades e instituciones de educación superior, ofertan estudios de posgrado.

En otros rubros, como el de salud, comunicaciones, infraestructura hotelera y de servicios en general el crecimiento, es importante y coloca a la Ciudad de León, Guanajuato, como una de las más importantes del país.

Por desgracia, el costo beneficio del crecimiento y de la modernidad, habrá que evaluarlo en toda su dimensión, la globalización a la que nadie puede excluirse, que nos permite un acceso universal a la cultura y a la ciencia, mayor desarrollo científico y tecnológico, también trae consigo, un excesivo consumismo, pérdida de valores y de cultura.

Se añoran viejos tiempos, pero debemos aceptar los cambios que a nivel mundial se han venido generando desde hace algunos años; la globalización, como ya se dijo, tiene sus pros y contras, es tarea de las autoridades fundamentalmente, estar preparados para enfrentarlos.

No se puede bajo la bandera del crecimiento y de de la modernidad, sacrificar rubros tan importantes para toda población, en nuestra ciudad, las cosas en los últimos años no se han hecho correctamente y tenemos una sociedad cada vez más desigual.

En materia de vivienda se han venido cometiendo graves errores, al asignar espacios verdaderamente indignos para sus moradores, lo que contribuye a que se genere delincuencia, inseguridad, hacinamiento y un largo etcétera.

Tal parece que cultura, tradición, e identidad, están peleados con el crecimiento, es tarea de todos buscar la convivencia o al menos hacerlo menos radical, por lo pronto, pasemos a comer una guacamaya y una refrescante cebadina.

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