Cero tolerancia, ¿para quién?

Con cierta frecuencia, escuchamos a distintos políticos expresar frases como: mano dura y cero tolerancia, contra la corrupción, la delincuencia, la impunidad, el secuestro y recientemente contra los bloqueos carreteros señalada por el Gobernador de Puebla, Moreno Valle.

Tolerancia cero, ¿para quién?; de la ciudadanía hacia un gobierno incapaz de brindar seguridad en los bienes y las personas (millones de mexicanos) que a diario somos víctimas de un enorme catálogo de delitos, que no encuentran  respuesta ni en el corto, ni en el mediano plazo y que después, queda en la estadística maquillada y minimizada por el Estado.

Bajo esta premisa, una sociedad cansada, desgastada cada vez más, con menos esperanza de remediar los males de esta violencia generalizada que nos aqueja y que parece no terminará, le pone un alto a las autoridades de los tres niveles de gobierno y le dice: ¡ya basta!, no seguiremos tolerando la ineptitud, corrupción e impunidad que a diario vivimos, que se vayan y vengan otros, queremos resultados.

Los ciudadanos tenemos pocas herramientas para manifestarnos, la resistencia civil pacífica, que sería desde nuestra óptica el género y que comprende: marchas, plantones, desobediencia, y algunas otras, no tienen ni generan resultados positivos, muchas de estas acciones son reprimidas o contaminadas con grupos violentos, que a río revuelto, justifica la intervención de las autoridades y que así la venden mediáticamente.

El momento más importante para que el ciudadano castigue la ineptitud y corrupción se da al momento del sufragio, el voto que los distintos partidos políticos buscan, por cierto, ahora tres más, se convierte en oro molido para todo un sistema político electoral diseñado para eso, para obtener el mayor número de votos.

Las insultantes cifras millonarias entregadas a los Institutos políticos contendientes, así como a los propios organismos del Estado encargados de su organización, tienen como destino en un gran porcentaje, a la  promoción del voto, no conviene al sistema político mexicano entregar una elección desairada, entre mayor la votación, así es la justificación  de su existencia, e incluso es usada para legitimar los resultados.

¡Ya basta!, cero tolerancia, para las autoridades incapaces e incompetentes, en donde incluso, nuestros reclamos no encuentran respuesta y se pierden en un negligente y anacrónico aparato burocrático, con índices alarmantes de corrupción.

Mucho se dice que la delincuencia ha disminuido y quien esto escribe, no tiene elementos objetivos para contradecirlos, pues varias de las fuentes son poco confiables, lo que sí es un hecho real, es que delitos como el secuestro y la extorción se han incrementado impresionantemente.

La percepción de la ciudanía, que es un termómetro muy eficaz, no es acorde a las cifras oficiales, pues a diario constatamos un gran número de delitos cometidos con y sin violencia.

Habrá que preguntar a las víctimas de esta ola de violencia, si con el cambio de partido político vislumbra un escenario distinto en este rubro, con toda seguridad, la respuesta será no, es sólo un cambio de políticos.

Ya no hay tolerancia de la ciudanía para un estado que ha sido totalmente incapaz de brindarnos seguridad y tranquilidad, por desgracia, poco podemos hacer, pero no es sano ni conviene estirar tanto la liga.

El tema de cero tolerancia, es cuestionado doctrinalmente, pues el hecho de que se incrementen penas y se use mano dura, no garantiza la disminución de la violencia, estas son expresiones de un Derecho Penal Antidemocrático y Autoritario, que  coloca a un gran número de ciudadanos como enemigos a eliminar.

Sin embargo, más allá de los conceptos, lo cierto es que existe un hartazgo social en cuanto a seguridad se refiere, la falta de resultados, trae como consecuencia que la sociedad se exprese de distintas formas, exigiendo la aplicación de la Ley.

No sabemos, si cero tolerancia o mano dura, sean expresiones de regímenes antidemocráticos y autoritarios, lo único que buscamos, es la estricta aplicación de la Ley en contra de la delincuencia en general, sobre todo de aquellos servidores públicos de cualquier nivel e integrantes de cuerpos policiacos, que cotidianamente realizan actos de corrupción.

Lo más sorprendente es, que expresiones como cero tolerancia a la violación de los derechos humanos, recurrentemente empleada en discursos oficiales, es la que menos se cumple.

A millones de ciudadanos en este país, le son violentados sus derechos humanos tanto por la delincuencia como por el Estado, los primeros y los segundos con igual responsabilidad, tan lamentable es realizar el delito, como no hacer nada por castigarlo, sobre todo porque el funcionario recibe un salario para realizar su trabajo.

Las víctimas también tenemos derechos humanos que el Estado debe garantizarnos a toda costa, pues existe la percepción, no muy lejana de la realidad, que se preocupan más por los victimarios, que en forma burda y recurrente argumentan violaciones, en su detención y en el proceso.

Quienes padecen esta cruda realidad, además del daño causado por los delincuentes, se enfrentan a trámites anacrónicos en diversas etapas que tienen  como constante una falta de preparación y capacidad de distintos funcionarios, aunque como en todo, salvo sus raras excepciones.

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