Amarga Navidad y Año Nuevo sin esperanza

Está por concluir este 2014, cuyo balance con toda seguridad es negativo para la mayoría de los mexicanos e incluso para la Administración Pública en los tres niveles de Gobierno y sobre todo para el Ejecutivo de la Nación y su equipo.

La economía de los mexicanos, reitero, en su gran mayoría, a la baja, simple y sencillamente no mejora por más  programas y  discursos que en todos los niveles y de todos los sabores se pronuncian recurrentemente.

Los gasolinazos y el incremento sustancial en productos y servicios, agravan la economía de los mexicanos, cuyos ingresos son insuficientes para satisfacer el mínimo de necesidades personales y de la familia.

Mucho se señaló en el transcurso del año que está por concluir, que la economía se encuentra estática, paralizada por las reformas fiscales, entre otras,  que inhibe para muchos, operaciones de distintos tipos, sobre todo las inmobiliarias.

El año termina igual o peor en materia económica de como lo iniciamos, pero no sólo en este rubro las cosas empeoraron, la inseguridad en el país se agrava y descompone prácticamente todo el territorio nacional.

Desde luego que existen regiones, las menos por desgracia, donde la delincuencia se encuentra “controlada” o bien, el interés por parte de organizaciones criminales en esos lugares es menor.

Lo cierto es que ya no se trata de la percepción de la ciudadanía, la inseguridad se agravó y permea en delitos, probablemente diferentes, pero igual de letales  e hirientes para una  sociedad cansada y temerosa.

El hartazgo de la sociedad en materia de inseguridad, corrupción, impunidad y muchos otros rubros, es evidente y representa un grave riesgo para el crecimiento y la paz en este país.

Se está estirando demasiado la liga y tarde que temprano, de seguir haciéndolo, esta reventará, con las consecuencias que toda inconformidad  social llevada a los extremos representa.

Ya no existe credibilidad en las instituciones, aquellas que por su noble función como la de  derechos humanos, debiera de tener, se perdió; se tiene hoy, no sólo la percepción como ya lo señalamos, sino la firme convicción aun cuando fuera errónea, que beneficia más al delincuente que a la víctima.

El Estado de Derecho se encuentra cuestionado, el sistema de justicia está  agotado, hoy, ya no responde a las exigencias sociales, resulta totalmente  ineficaz y rebasado por la corrupción e impunidad y no sólo es la percepción, también es nuestra realidad.

El país está sumido en una verdadera crisis, por más que se diga lo contrario, en bastantes pero bastantes ciudades de la Nación, se vive con zozobra, con miedo, ya no se puede salir a la calle con tranquilidad, estamos expuestos a ser víctimas de la delincuencia organizada o común.

Asaltos, con y sin violencia, robos a casa habitación, de vehículos, extorsiones, secuestros, asesinatos y un largo etcétera de delitos forman parte del día a día de los mexicanos.

Con la economía por los suelos y con este tipo de problemas de inseguridad a los que le sumamos la corrupción e impunidad, con un sistema de justicia anacrónico e ineficaz, ¿qué podemos esperar?

Las marchas y protestas, válidas y respetables en su esencia, son infiltradas por grupos nefastos que se ocultan bajo una máscara o paliacate, que hacen de las suyas destrozando todo lo que se encuentran, bajo la complacencia de las autoridades.

“Secuestro de camiones” a los que después les prenden fuego, toma de carreteras y casetas, incendios y destrozos de edificios públicos y bienes del estado, suceden recurrentemente, bajo una impunidad impresionante.

El Estado se encuentra inmerso en un círculo vicioso, en su afán de demostrar que se privilegia el diálogo y que existe una gran apertura a las inconformidades, se abstiene  en su actuar, ante la presencia de conductas delictivas abonando a la impunidad.

¿Qué pasaría si el Estado actuara, como es su obligación, cuando se cometen este tipo de desmanes, castigando a los responsables que cobardemente esconden su identidad?; con toda seguridad, se la acusaría de represor y de violar los Derechos Humanos.

Así de complicadas están las cosas, si actúa, se trata de un Gobierno represor y si no lo hace, es un gobierno tibio al que le tiembla la mano, sin embargo, no puede permanecer inmóvil y debe actuar conforme a derecho, al interés superior, que es la sociedad.

Los escándalos políticos, agravan el panorama y abonan a la desconfianza, el Ejecutivo Federal, bajó considerablemente en cuanto a la aceptación de la ciudadanía, y lo logrado en las reformas del primer año, se derrumba  estrepitosamente.

Por el bien de esta nación, de los mexicanos, debemos apoyar a las instituciones de este país, independientemente de los partidos políticos  y de otros intereses, si no lo hacemos o se hace tarde, nunca nos lo perdonaremos.

Continuaremos la próxima semana.

ftotrejo@gmail.com