Siete puntos

El voto y la "objeción de conciencia"

Muchas personas continúan preguntándose si en realidad vale la pena votar.

1. No obstante que ha quedado clara la inutilidad jurídica del voto nulo —no así su repercusión política en caso de que sea millonario y llame la atención de la opinión pública internacional—, muchas personas continúan preguntándose si en realidad vale la pena votar. Argumentan dos cosas: acudir a las urnas el 7 de junio implicará darle un espaldarazo de legitimidad al sistema político mexicano, con el que no están de acuerdo, por una parte y, en segundo lugar, la caballada está tan flaca, las campañas políticas tan ausentes de…

2. …propuestas y tan llenas de ataques personales, que no hay candidat@ al(a) cuál irle. Además, la dificultad que existe para conocer a profundidad la trayectoria, postulados y programas de partidos y candidat@s, hace más difícil la necesaria tarea de informarse, para tener un voto razonado y responsable. Ante este panorama tan desolador, me han preguntado si existe algún principio en la moral cristiana que pudiera avalar la abstención o la anulación del voto. Y sí, sí hay una figura clásica y se llama la objeción de conciencia.

3. Ella me autoriza a rechazar alguna obligación que mi conciencia bien formada —atención: bien formada— no me permite seguir. El ejemplo más claro lo constituye el servicio militar obligatorio en algunos países como Alemania. Allí, l@s jóvenes de 18 años deben alistarse en el ejército y participar, si se da el caso, en operaciones bélicas. Son adiestrad@s durante meses en el manejo de las armas y de estrategias militares para, si se ofrece, estar en capacidad de disparar a un enemigo, defenderse de él o atacar alguna instalación.

4. Pero resulta que much@s jóvenes no están dispuest@s a seguir esas órdenes. Su conciencia, basada en criterios pacifistas, les exige renunciar a cualquier tipo de violencia, por más que pudiera justificarse bajo conceptos como legítima defensa o guerra justa, que también forman parte de la tradición moral cristiana. Si un(a) joven argumenta en esa dirección, se acepta su renuncia al servicio militar pero se le exige una acción semejante: dar todo un año de trabajo a instituciones como hospitales, asilos de ancian@s, parroquias inclusive.

5. Es@s jóvenes, entonces, al renunciar al servicio militar no se toman un año de vacaciones, o se reintegran cuanto antes a sus procesos académicos. Deben atender al sentido que está a la base de la militancia en el ejército: servir a su país. De manera que, si prefieren no hacerlo con armas en la mano, si optan por no vestirse el uniforme militar, sí tienen que ayudar a su nación con una tarea determinada. Notemos que el objetivo se cumple, extendiendo el concepto de servicio, y no reduciéndolo solamente a la experiencia castrense.

6. Con el ejercicio del voto puede argumentarse algo semejante. Si mi conciencia bien formada —documentada, responsable, altruista, solidaria, preocupada por el bien de México y no por el propio solamente— me exige no votar o anular mi voto por razones válidas para mí —ya mencionadas en los números uno y dos— debo realizar alguna acción semejante, que compense mi ausencia de las urnas o la anulación de mi voto, y que cumpla con el sentido que está detrás de la votación: la necesaria e ineludible participación política que…

7. …tiene en el voto su expresión más clara, pero que no se reduce a él. ¿Quiere abstenerse de votar o anular su voto, alegando la objeción de conciencia? Muy bien. Nada más que, de acuerdo a la moral cristiana, deberá realizar alguna acción semejante, que compense esa ausencia y que cumpla con el objetivo que respalda al voto: la participación política, permanente y, de preferencia, organizada. No votar o anular el voto y no hacer algo a cambio, no podría sostenerse en la objeción de conciencia. Usted sabe.

papacomeister@gmail.com