Siete puntos

¿Menos recursos para los partidos... más para los pobres?

1. Si tuviéramos que encontrar dos grupos sociales cuya imagen ha venido descendiendo en los últimos años, por su ineficiencia y la ingente cantidad de recursos de los que disponen, esas dos entidades serían: partidos políticos y funcionarios públicos. Se ha escrito hasta la saciedad que el éxito de los candidatos independientes, hoy gobernantes, se debe en buena medida a esa irritación ciudadana contra partidos y burócratas. Hoy conocemos una nueva expresión de este hartazgo... y suena muy interesante.

2. Agrupadas en torno a la llamada Acción Ciudadana contra la Pobreza, diferentes organizaciones han propuesto medidas concretas para combatir la pobreza. Y lo hicieron ante diputados que aprobarán el presupuesto del próximo año. Las seis iniciativas son: a) transparencia de los programas sociales b) desindexar el salario mínimo c) aprovechar las ganancias cambiarias del Banco de México para invertir en infraestructura productiva, educación y salud d) cumplir con la cobertura universal de salud -debió aplicarse en el 2010-...

3. ... e) concluir el ciclo de reformas destinadas a combatir la corrupción y, especialmente, f) recortar los privilegios de los actores políticos, sobre todo de los partidos, y prohibir pagos extraordinarios de cualquier índole a los mandos superiores de la administración pública. Llama la atención esta última propuesta, deseada por toda la población, pues los partidos políticos, en este año, recibieron más de cinco mil millones de pesos. Tan sólo al PT se le asignaron cerca de 400 millones... y ni siquiera pudo obtener el 3% de la votación.

4. La iniciativa quiere ser sólida —aunque criticada por partidofílicos como José Woldenberg— y plantea que, en lugar de multiplicar el 65% del salario mínimo por el número de ciudadanos inscritos en el padrón electoral, como está legislado, se multiplique ese porcentaje por los votos válidos que obtenga cada partido. De esta manera se estaría premiando a los partidos que en verdad cuentan con el respaldo ciudadano —perdón: ¿los hay?—, y castigando a aquellos que no impactan de manera notable en las preferencias electorales.

5. De lograrse este cambio en la legislación, los partidos políticos recibirían menos de la mitad de lo que ahora perciben. Y es que, de acuerdo a los actuales criterios, en el 2016 se les dará, sólo de presupuesto federal, y en un año en que no hay elecciones presidenciales, más de cuatro mil millones de pesos. En el mismo tenor está la sugerencia, reclamo extendido en muchos sectores de la opinión pública, de eliminar los bonos extraordinarios, compensaciones, días extras de aguinaldo, etc. para los altos funcionarios.

6. Ojalá y se puedan concretar estas propuestas. No es posible que seamos la 15ª economía del mundo, pero que estemos en el lugar 71 del Índice de Desarrollo Humano a nivel global; que en los últimos 20 años haya 14.5 millones más de personas en pobreza y que ese número siga en aumento; que existan 16 millones de indígenas excluidos del México que sí crece, siete millones de jóvenes con trabajos precarios y 15 millones de mujeres en trabajos con menor paga, datos todos proporcionados por la citada Acción Ciudadana contra la Pobreza.

7. Cierre ciclónico. Creo que no existe un precedente. El pasado miércoles, en un hecho inusitado, nuestro arzobispo, Rogelio Cabrera López, y su obispo auxiliar, Juan Armando Pérez Talamantes, presentaron en el edificio del Senado la encíclica Laudato Si del papa Francisco. Más allá de la calidad que tuvo su intervención, y de las preguntas que ventilaron los reporteros, sobre una supuesta afectación al Estado laico, llama la atención la importancia que ha tenido este documento papal en instancias no eclesiásticas.


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