Siete puntos

¿Qué hacer con las cenizas?

1. La Congregación para la Doctrina de la Fe, encabezada por el cardenal alemán Gerhard Müller, ha presentado un documento sobre la sepultura de los difuntos y el manejo de sus cenizas en casos de cremación. Müller ha sido uno de los prelados que se han opuesto públicamente al Papa, y el texto de su Instrucción, Ad resurgendum cum Christo, no se asemeja al que Francisco de Roma utiliza en sus escritos. El germano recurre al clásico tono disciplinar, normativo, tan lejano a la calidez y cercanía que se leen en los textos del Papa.

2. Aunque el escrito reconoce que la Iglesia católica sigue prefiriendo la sepultura de los cuerpos, no se opone a la cremación de los mismos. Sin embargo, insiste con firmeza doctrinal en que las cenizas deben depositarse en el cementerio, en el templo o en algún lugar expresamente aceptado por las autoridades eclesiásticas. Prohíbe su conservación en el hogar o su dispersión en el aire, tierra o agua. ¿Razones? La posibilidad de olvido, falta de respeto o malos tratos, más el riesgo creciente de panteísmos o naturalismos.

3. Es cierto que conservar las cenizas en el hogar no ayuda a la necesaria superación del natural duelo, cuando fallece un ser querido. La tanatología nos enseña que, tarde o temprano, necesitamos desapegarnos de nuestro ser querido ya ido. Mantenerlas en la casa significa seguir prolongando esa tristeza de manera innecesaria y, de acuerdo a las afirmaciones populares, tampoco deja descansar al difunto. ¿Cuál es el tiempo razonable? Cada quien lo sabe, y no está por demás solicitar ayuda de algún especialista para definirlo.

4. Con respecto a quienes prefieren que sus cenizas se esparzan. Yo veo más romanticismo en ese deseo que afanes panteístas (todo es divino) o hilozoístas (la naturaleza está animada). Quien desea, por ejemplo, que sus cenizas sean esparcidas en los jardines de Central Park, arrojadas desde el Himalaya o vaciadas en el Mar Muerto, es porque esos lugares tuvieron un particular significado en su vida, más que demostrar complicadas argumentaciones teóricas sobre la reencarnación o la identificación inmortal con tales sitios.

5. Sin embargo –y lo que más se ha cuestionado del documento vaticano–, depositar las cenizas en una urna, para después colocarlas en una tumba o un nicho no es barato. Los costos se elevan muchísimo cuando se escogen criptas de templos elegantes, y tales operaciones resultan inaccesibles para personas de pocos recursos económicos. Las cremaciones, cada vez más frecuentes, han representado un ahorro para quienes no pueden gastar en servicios funerarios, compra de ataúd y pago por la tumba en el cementerio.

6. ¿Qué hacemos entonces con las cenizas? Me parece que el mensaje central del documento citado es que se traten con respeto, más que enfatizar reglamentos  restrictivos, y da indicaciones en esa dirección. Creo que corresponde a las autoridades, civiles y eclesiásticas, favorecer el que los más pobres tengan acceso a lugares en donde puedan depositar los restos de sus seres queridos, visitarlos ocasionalmente y mantener ese vínculo que todos los seres humanos queremos tener con nuestros difuntos.

7. Cierre ciclónico. Tenemos dos nuevos obispos auxiliares. Uno de 43 años; el otro de 68. Me han dicho que el primero es demasiado joven y el segundo ya muy viejo. Argumentan que a aquél le falta experiencia, y éste carece de dinamismo. Creo conocer bien a ambos y el chavo tiene la sensatez en sus juicios propia de las personas maduras, mientras que el mayor conserva la frescura apostólica de sus primeros años en el ministerio. La combinación será útil para nuestra Iglesia de Monterrey y para nuestra sociedad. Ya lo veremos.

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