Siete puntos

¿Y los pobres?... Que se mueran…

1. Los grandes pensadores del siglo XIX, deslumbrados por los avances de la ciencia y la tecnología que aparecían frente a ellos, imaginaron un mundo diferente, semejante al trazado por Sir Thomas More en La utopía, en el que desaparecerían todas las enfermedades.

2. Esta aspiración a un mundo ausente de calamidades hizo que personajes como Pasteur y Koch, por mencionar sólo dos, abrieran camino en investigaciones médicas que dieron pie a increíbles avances en terrenos como la anatomía, la fisiología, la infectología, etcétera.

3. El panorama, entonces, era muy alentador a inicios del siglo XX. No sólo las enfermedades desaparecerían, sino también borraríamos del mapamundi los conflictos entre las Naciones, las migraciones masivas, las injusticias laborales, las diferencias abismales entre pobres y ricos, etc.

4. Pero llegaron las dos guerras mundiales y, en especial, el lanzamiento de la bomba atómica. La tecnología, en vez de aliviar el sufrimiento de los seres humanos, lo agrandaba, y las continuas guerras lo siguen confirmando. Tenemos aparatos de destrucción cada vez más sofisticados.

5. Lo mismo, quizá peor, sucedió con la medicina. Ilusionados con encontrar el remedio contra el cáncer, gracias, de nuevo, a la tecnología que tenemos a disposición, la industria farmacéutica se ha preocupado por dotarnos de otros medicamentos, muchos de ellos costosos.

6. Lo sucedido con el ébola es una clara muestra de ello. Descubierto el virus en 1976, tenemos ya casi 40 años en que no se ha encontrado su antídoto. Como ha golpeado en especial a países de África –Gabón, Zaire, Uganda, República del Congo– en Occidente no nos preocupamos.

7. La industria farmacéutica obedece a los designios del capital. Como el ébola es una enfermedad de pobres, y los pobres no son mercado, pues no podrán adquirir el medicamento que la combata, mejor no aparece su remedio como prioridad. Que se mueran los pobres, parece decir el negocio de las medicinas.

papacomeister@gmail.com