Siete puntos

El nuncio Coppola y la pobreza en México

1. En octubre del año pasado, el nuevo nuncio apostólico en México, Franco Coppola, presentó sus cartas credenciales al presidente Peña Nieto. En la ceremonia protocolaria, el italiano sorprendió al declarar que no se pueden negar sus derechos a las personas homosexuales. Tal afirmación contrastaba con la campaña organizada por el Frente Nacional por la Familia, en la que se negaba la posibilidad de los matrimonios igualitarios, y a la que se habían sumado algunos obispos, promoviendo marchas en sus respectivas diócesis.

2. Tal declaración se leyó como un claro mensaje del mismo papa Francisco, en relación al tema de las personas homosexuales. En no pocas ocasiones, el sucesor de Pedro ha expresado su respeto por tales minorías, y ha buscado por diferentes medios incluirlas. Queda claro que, a diferencia del nuncio anterior, Christophe Pierre, nombrado por el entonces papa Benedicto XVI, Coppola viene con la intención expresa de transmitir de manera frontal el pensamiento y las líneas pastorales del papa Francisco. Él lo nombra y lo envía.

3. El pasado sábado, en el marco de una misa en la Basílica de Guadalupe que casi pasa inadvertida –el Octavo Centenario de la confirmación de la Orden de los Dominicos– el diplomático italiano calificó de vergonzosa la pobreza que hay en México. Ya el 15 de septiembre, y todavía sin asumir su nueva encomienda, señalaba que en el país se vivía una escandalosa pobreza. Como se ve, el tema lo trae en su cartera como una prioridad, y es de suponerse que lo ventilará cada vez que pueda… como el papa Francisco.

4. Sin embargo, proveniente de África, apuntó a una derivación de esa pobreza que es necesario resaltar. Acotó que en ese continente se pueden observar en todos sus países los efectos del subdesarrollo. Entre nosotros, sin embargo, se da un fenómeno que no debería suceder, dados los altos índices de desarrollo experimentados en algunas regiones de México: la desigualdad. Baste observar, nos dijo el pasado martes aquí en Monterrey, la prosperidad que se respira en algunos municipios del norte, contrastada con la miseria del sureste.

5. Pero, de nuevo, Coppola solo transmite lo que es una preocupación constante para Francisco de Roma. Recordemos que en su encíclica Laudato Si (Alabado seas), el papa argentino resaltaba el problema lacerante que afecta no solo a personas individuales, sino a países enteros: la inequidad. En nuestro país, por ejemplo, el 10% de la población concentra el 70% de la riqueza nacional. Sí, tenemos a uno de los hombres más ricos del planeta, pero también existen en el mapa regiones en donde la miseria continúa avanzando.

6. Me llama la atención que, como sucede con frecuencia, tenga que venir un extranjero a recordarnos nuestra realidad. Y es que nosotros, enojados por el gasolinazo y las continuas alzas a los impuestos; indignados, justamente, por los salarios y prestaciones de la clase política, nos olvidamos de un problema que, como al papa Francisco y al nuncio Coppola, debería preocuparnos de la misma manera. Ojalá y la irritación que sentimos en estos momentos la canalicemos para combatir esa desigualdad que, como dijo el nuncio, es vergonzosa.

7. Cierre ciclónico. A los 91 años, en su casa de Leeds (Reino Unido) acaba de fallecer Zygmund Bauman, sociólogo y filósofo polaco, autor de la expresión modernidad líquida. Con ella, Bauman señalaba esta realidad contemporánea que se diluye ante la falta de las clásicas seguridades –Dios, el estado, la familia– que han venido desapareciendo como soportes de la sociedad. Tal liquidez afecta, incluso, a experiencias como el amor mismo, sujeto a diluirse ante la ausencia de compromiso y responsabilidad. Habrá que releerlo.

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