Siete puntos

La necesidad del descanso

1.. Cuenta el relato del Génesis que Dios descansó después de crear el universo. Es obvio que la intención del escritor bíblico no era manifestar a una divinidad que, como los seres humanos, es proclive al cansancio. Y más si la iconografía representa al Creador como un anciano. No. La narración pretende señalar la importancia del descanso semanal, que en el caso judío adquiere dimensiones normativas de gravedad. La Iglesia católica asumió esta idea, por lo que estableció el precepto dominical como uno de sus mandamientos.

2. Pero, más allá de la dimensión religiosa del descanso, me parece que éste forma una parte fundamental de nuestra existencia, no siempre valorada, sobre todo por el imperativo del trabajo como medio para el sustento. No son pocas las personas que padecen enfermedades por no descansar adecuadamente, y en una cultura como la regiomontana, en la que se ha valorado tanto lo laboral, quien reposa parece no digno de pertenecer a estas tierras. Hay dos problemas con este tema que siempre me han llamado la atención.

3. En primer lugar, me parece que nos falta desarrollar más una concepción del descanso como recreación. De acuerdo a la estructura de la palabra, descansar significará re-crear, es decir, colaborar en el cuidado y mejora de la creación. Un reposo creativo que hemos expresado en el popular dicho: descansando haciendo adobes. De ahí que muchas personas, en sus ratos de ocio, buscan emplear el tiempo en otra actividad, diferente a la habitual, pero que les permite atender asuntos pendientes en la familia, el hogar, el deporte, la religión, etcétera.

4. Sin embargo, creo que con más frecuencia todavía asociamos el sosiego al no-hacer-nada, a la flojera que se instala en nuestros cuerpos y embota el alma. Si lo empatamos con una diversión estridente y hasta tóxica, terminamos más cansados aún, con una resaca existencial. Este tipo de holganza es reflejo de una vida que estiramos al máximo, que no nos resulta agradable, y de la que queremos huir a través de la droga, el ruido y el embrutecimiento. En esta óptica, el descanso aparecería como un anticipo de la muerte.

5. Por otra parte, creo que nuestras autoridades civiles no son conscientes de su responsabilidad como promotoras del profundo respiro ciudadano. Y no me refiero a la pésima costumbre, tomada de los antiguos emperadores romanos, de dar a la gente pan y circo, distrayéndola con esa diversión de los problemas sociales más importantes. Peor todavía cuando se utilizan recursos económicos del erario público, no siempre transparentes, destinados a otras tareas como educación, salud, vialidades, seguridad, etcétera.

6. Hablo de una atención al merecido y necesario descanso de cualquier ciudadano que quiere ir el domingo a un parque para pasear con la familia, que le gustaría poder andar en bicicleta en alguna ruta citadina sin ser embestido por automóviles, que busca hacer ejercicio al aire libre sin sufrir la creciente contaminación ambiental, que tiene recursos para viajar por carretera a la Isla del Padre, sin tener que irse por Laredo para evitar la violencia de la carretera a Reynosa. Pero parece que para nuestras autoridades estas no son prioridades.

7. Cierre ciclónico. De acuerdo al Módulo de Lectura del Inegi, solo 45 de cada 100 mexicanos leyeron un libro en el último año. Ese dato nos sitúa muy por debajo de otros países latinoamericanos, como Chile y Argentina. Eso ya lo suponíamos. Lo interesante es que, conforme al mismo estudio, las mujeres leen más que los varones, aquí y allá. Desde siempre he constatado, en mis diferentes clases, que ellas superan a sus compañeros en rendimiento académico. Por cierto... Son más las mujeres que leen este artículo cada semana.

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