Siete puntos

El maratón de Nueva York

1. Nueva York. Correr el maratón de esta ciudad es el sueño de cualquier deportista que practique esta disciplina. Por ello, casi 60 mil personas de prácticamente todo el mundo nos dimos cita el domingo pasado para salir desde Staten Island y pasar por Brooklyn y Harlem, hasta llegar a Manhattan. El cierre en Central Park, como se puede imaginar, es espectacular. El manejo de esa multitud de participantes obligó a que muchos tuviéramos que llegar al punto de arranque casi cinco horas antes del disparo de salida, y desafiar durante...

2. ... todo este tiempo gélidas temperaturas. Ello no importó, pues si correr un maratón ya es en sí mismo una experiencia que marca la vida, por los componentes de disciplina, esfuerzo y renuncia, junto al éxito, satisfacción y felicidad al cruzar la meta, hacerlo en la Gran Manzana tiene una magia especial. Y es que a diferencia de otros lugares en los que un maratón pareciera estorbar a la cotidianidad de la vida dominical, aquí da la impresión de que la población entera disfruta del evento como si participara corriendo en el mismo.

3. No se omitió en el trayecto el pasar por las principales avenidas, como sucede en otras urbes donde reinan los vecinos poderosos, sino que el curso de la carrera incluyó la emblemática quinta avenida, símbolo principal de esta metrópoli. Llama la atención que el cierre de las calles fue de todo el día, sin que hubiera manifestaciones notables de automovilistas irritados. Hasta el rector de la Catedral de San Patrick –icono religioso neoyorquino– se sumó a la fiesta convocando a una misa para corredores y corriendo él mismo el maratón.

4. En México, quien porta una medalla de finalista pasa desapercibido, y salvo sus familiares y amistades cercanas reconocen el esfuerzo realizado y el logro obtenido. De ahí que la presea se guarda casi pasando la carrera, y sólo se mostrará en el futuro a algún raro interesado. Aquí debe llevarse con orgullo durante varios días, y muchos transeúntes y extraños te felicitan por haberla obtenido. La sinergia espontánea que surge entre maratonista y ciudadano hace que ambos sientan participar de la identidad del otro. Mientras corras...

5. ... en mi ciudad, yo corro contigo, parecen decirnos, y nosotros respondemos: cuando troto frente a tu hogar, paso a formar parte de él, me convierto en tu vecino. Me llamó la atención que el grueso de quienes apoyaban con sus porras parecían inmigrantes, y lo mismo te animaban africanos y latinos, europeos del Este y orientales, sin faltar los bullangueros mexicanos. Lo vivido en Nueva York, ¿no podría replicarse en otras ciudades de nuestro México, obviamente a menor escala? Y no me refiero a que nuestras autoridades buscaran promover...

6. ... el deporte, motivo en sí mismo válido para apoyar con recursos materiales y humanos a la organización de estos eventos, sino a que buscaran, de acuerdo al más claro pragmatismo, “ganar-ganar”, colaborando con el evento y obteniendo grandes ganancias por la derrama económica que un maratón arroja, por el turismo que atrae. Pero me parece que nuestros gobernantes, si no ven ganancias en dinero fácil para ellos, nunca darán su apoyo a estos acontecimientos que son positivos desde el ángulo que se quiera ver.

7. Cierre ciclónico. Son muchas las reflexiones que emanan del proceso electoral concluido el pasado domingo. Resalto sólo dos diferencias con nuestro país. En primer lugar, el presidente Obama manifestó abiertamente su respaldo a la candidata demócrata. En México también lo hace el Primer Mandatario, aunque de manera velada, pero quizá más efectiva. Segunda. Acá la libertad de expresión parece no tener límites, mientras que con nosotros las autoridades electorales gastan millonadas en controlar lo que se dice y escribe. ¿Qué será mejor?

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