Siete puntos

La legitimación de las autodefensas

1. La existencia de autodefensas, grupos armados paramilitares, no es nueva. Hacia finales de los noventa aparecieron en América del Sur las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), calificadas como organización terrorista no sólo por ese país, sino también por Europa y los EUA.

2. Con el pretexto de combatir a la guerrilla de las FARC, y financiadas por empresarios y políticos, las AUC se convirtieron en el verdadero poder militar colombiano, y se asociaron con conocidos narcotraficantes para extorsionar a no pocos ciudadanos.

3. En Michoacán, desde principios del año pasado, aparecieron grupos de autodefensa, cuya causa-razón estaba en el hartazgo social de la población, ante la inexistencia del Estado de Derecho y el abandono de las autoridades, lo que obligó a l@s ciudadan@s a organizarse.

4. Aunque el Ejército intentó en diferentes ocasiones poner orden en el estado michoacano, y no obstante la designación de Alfredo Castillo como comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán, las autodefensas seguían activas en la región.

5. El fenómeno de las autodefensas no contaba con el respaldo de toda la opinión pública. Muchas personas siguen viendo en esos grupos una legalidad paralela, y el peligro de que vendan sus servicios al mejor postor o sean infiltrados por criminales no es menor.

6. Nos enteramos que el pasado lunes, los grupos de autodefensa han sido legitimados, institucionalizados. De la crítica feroz por parte de las autoridades oficiales se pasó a la invitación para que se integren a las defensas rurales del Ejército o a las Policías municipales.

7. Llaman la atención dos cosas: la declarada incapacidad de las autoridades oficiales para enfrentar el crimen en Michoacán, y el pragmatismo que les lleva a aliarse con quienes antes combatían. Así es la política mexicana, tan contradictoria como utilitarista.

papacomeister@gmail.com