Siete puntos

Las cualidades del líder

1. Me invitaron de una universidad local a platicar sobre las cualidades que, en mi opinión, debe tener un líder religioso. Las características que les presenté, acoté, son necesarias no solo en un líder religioso, sino en cualquier persona con funciones de liderazgo. Obviamente, estudiosos clásicos del tema como McGregor Burns, Covey y Bass mencionan un buen número de virtudes en quien quiera convertirse en líder. Yo comenté con los alumnos solo cuatro de esas cualidades que me parecen indispensables en el liderazgo.

2. En primer lugar, creo que un líder debe ser muy humano. Con sus virtudes y defectos. Sobre todo en una cultura como la regia, en la que se busca exaltar las cualidades de empresarios y gobernantes, pareciera que deben ser casi perfectos, sin asomar rasgos de debilidad alguna. Un líder debe manifestar sus sentimientos, que incluyen miedos e inseguridades, pero también sus virtudes. Sin embargo, hay defectos como la corrupción, el fraude y el enriquecimiento ilícito que no le son permitidos… por más humano que sea.

3. De aquí se deriva la segunda cualidad: congruencia. Un verdadero líder es el que actúa como piensa y, sobre todo, como habla. Para ser seguido necesita dar ejemplo de armonía entre sus dichos y hechos. No puede tener un doble lenguaje, y lo que exige a sus subalternos lo debe hacer él en primer lugar. Solo de esta manera puede inspirar confianza, pues su testimonio invitará a ser imitado. Qué lamentable cuando en especial nuestros políticos prometen algo durante sus campañas y, ya en el poder, no lo cumplen.

4. La tercera cualidad fue la más cuestionada: la austeridad, porque vivimos en una cultura que premia el lujo y la ostentación si son bien merecidos. De ahí que una persona con grandes responsabilidades en el gobierno o en la empresa, aunque no ofrezca resultados, se cree merecedora de artículos suntuarios y estilos de vida muy lejanos del común de la gente. Un líder austero se alejará de lo innecesario, y su sobriedad le permitirá disfrutar de otras muchas cosas, quizá las mejores de la vida, que no se pueden comprar con dinero.

5. Pero la cuarta característica es la que me parece más importante: un auténtico líder debe ser promotor de esperanza. Y es que la situación del país y del estado pareciera plena de oscuridad, y en este ambiente surge de manera natural el abatimiento y el desánimo. No es que un líder deba convertirse en un motivador experto en mercadotecnia, pero sí en alguien capaz de ayudarnos a ver más allá de las problemáticas inmediatas, de trazar rutas viables para superar las crisis, de abrir nuestros sepulcros cotidianos para respirar aire fresco.

6. Los líderes que tenemos en la economía, la política, la academia, los medios de comunicación, el deporte, la cultura, las iglesias y religiones: ¿tienen estas características? Si no las poseen no nos quejemos, pues si algunos de ellos adquieren su liderazgo por herencia o designación de un consejo directivo, a otros nosotros les damos ese rango, a través de la votación. Si la clásica frase: “tenemos los líderes que merecemos”, aplicada a la política, no nos gusta, podemos cambiarla por “tenemos los líderes que hemos elegido”. Ni modo.

7. Cierre ciclónico. La larguísima fila se observaba desde mi recámara –más de 15 mil personas en dos días–. ¿Estarán regalando despensas?, pensé, pues no parecían los clásicos visitantes. No. Se trataba de una exhibición en el Marco, que albergaba unas 300 piezas entre dibujos, esculturas e interactivos de películas producidas por Dreamworks, durante los últimos 20 años. Es cierto. Fueron miércoles de vacaciones y con la entrada gratuita. Pero: ¿no podrían los encargados facilitar con más frecuencia este acceso popular a la cultura?

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