Siete puntos

¿Diaconisas?

1. Una vez más, y como ya se ha vuelto una costumbre, el papa Francisco genera esperanzas en los sectores liberales de la Iglesia Católica (IC), y molestias en los conservadores. El jueves de la semana pasada, ante 900 religiosas reunidas en la Asamblea Plenaria de la Unión Internacional de Superioras Generales, aceptó la propuesta de estudiar el tema de las diaconisas –o diáconas– permanentes. El Papa comentó que es un tema muy interesante para él, desde sus tiempos de obispo, y no ve el porqué no pueda analizarse.

2. Ya existe la figura masculina del diácono permanente, diferente al diácono transitorio, que lo es sólo mientras se prepara para recibir el presbiterado. Aquél debe ser un varón mayor de 35 años, casado o soltero –si enviuda se espera que se mantenga célibe–, y puede predicar en las misas, bautizar, asistir a los matrimonios y realizar servicios funerarios. No puede confesar ni consagrar. Sin embargo, y de acuerdo a la etimología –diaconía en griego significa servicio– el diácono tendría que dedicarse más a las tareas de la caridad.

3. Las declaraciones de Francisco, como suponemos, causarán un gran revuelo en la opinión pública, por la posibilidad implícita de que una eventual aprobación de mujeres diaconisas abra la puerta para que accedan al ministerio sacerdotal. Tal inquietud ha sido reconocida por el cardenal Walter Kasper –autor del ya famoso libro La Misericordia, ampliamente recomendado por Francisco–. En reciente entrevista declaró que se desatará un debate feroz, pues en este tema los obispos están divididos en dos bloques muy claros.

4. El primero, conformado por obispos progresistas o liberales –y al que también pertenece el actual Papa– quisiera que la IC se abriera más en este y otros temas semejantes, como el acceso a la comunión de algunos divorciados vueltos a casar y el matrimonio entre personas homosexuales. El segundo, al que pertenecen obispos conservadores, ve en estas declaraciones de Francisco un peligro que atenta contra la tradición de la IC –de la que, obviamente, esos prelados se sienten los responsables de protegerla– y que relajaría las sanas costumbres.

5. Ahora bien. El crear una comisión ad hoc que estudie el asunto no es garantía de que se vaya a resolver la cuestión de manera favorable. Parece que Benedicto XVI invitó a discutir el tema del celibato sacerdotal, y fue rechazada la posibilidad de volverlo opcional. De cualquier manera, sí creo que aceptar a mujeres en el ministerio del diaconado permanente abrirá la posibilidad de que también se incorporen al ministerio sacerdotal en un futuro. Ojalá. Mucho se beneficiaría la IC con la presencia femenina en esas tareas...

6. ... a condición de que no se entienda como un ascenso en el escalafón clerical. Y es que conozco a varios señores, laicos muy colaboradores y serviciales, que al momento de recibir el diaconado permanente se sienten de otro nivel, merecedores de atenciones y privilegios propios de los clérigos amantes de tales prebendas. El clericalismo, como manifestación de poder, riqueza, impunidades y beneficios, está muy arraigado en obispos, curas y diáconos. Si las mujeres llegan a ser diaconisas, ojalá y no caigan en él.

7. Cierre ciclónico. El pasado miércoles se promulgó la Ley de Participación Ciudadana. Aunque no sea el mejor instrumento que pudo haberse creado, de cualquier manera ayudará al desarrollo de la democracia en Nuevo León. Debe mejorarse, es cierto, pero ya presenta avances: los ciudadanos podrán intervenir en las decisiones del gasto público de los municipios, se abrirán consultas para aprobar o rechazar actos de la autoridad y nace la figura de revocación de mandato. Habrá que perfeccionarla. Por lo pronto: ¡bienvenida!

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