Siete puntos

¿Xenofobia y fascismo?


1. Por xenofobia podemos entender el miedo, rechazo y/u odio hacia lo extranjero, que puede abarcar también a todo lo diferente. El fascismo, entre otras acepciones, se entiende como la aplicación de un nacionalismo a ultranza que se asume como víctima de agresiones externas. No resulta muy difícil unir ambos conceptos por las similitudes que tienen. Aunque el primero pareciera más agresivo y el segundo sólo defensivo, en los dos existe una alta dosis de violencia. Lo que está sucediendo en el mundo entero es un caldo de cultivo…

2. … para que estos dos terribles fenómenos se hermanen. En efecto. No pasa semana en que no nos enteremos de algún atentado terrorista lo mismo en EUA que en Alemania, en Turquía y en Líbano, en República Dominicana y Japón. Entre nosotros, y de acuerdo a datos de organizaciones interesadas en el tema, México ocupa el segundo lugar mundial en crímenes por odio homofóbico, sólo detrás de Brasil. El retorno de la inseguridad en todo el territorio nacional ha hecho que regresen las solicitudes de mano dura, capaz de poner orden.

3. Y es aquí en donde xenofobia y fascismo pueden emparentarse. Por un lado, ante el crecimiento exponencial de los atentados terroristas, resulta natural que las naciones europeas, por ejemplo, busquen cerrar sus puertas ante el inmenso flujo de refugiados que llegan a sus fronteras. Si la violencia viene del exterior, o si surge de connacionales ligados a fuerzas extranjeras –como el Estado Islámico–, no extrañan decisiones como el brexit en Inglaterra o que resurja la posibilidad de que regrese la extrema derecha al poder en Francia.

4. El ejemplo más claro lo tenemos más cerca: Trump. Para lograr la candidatura del Partido Republicano a la presidencia norteamericana ha hecho uso de las herramientas clásicas de los más claros regímenes fascistas: se aprovecha de la ignorancia de una masa temerosa y del miedo que ella siente hacia lo diferente, señala potenciales enemigos –latinos, árabes, etcétera– que se deben combatir con muros de contención, se autoproclama el paradigma de la ley y el orden, invita a recuperar la grandeza nacional, según él, perdida.

5. El coctel ofrecido por el personaje confesadamente racista, aunque su esposa sea también inmigrante, pero rubia, parece gustar a buena parte del electorado norteamericano, y ya no será sorpresa si derrota a Hillary Clinton. De igual manera no asombrará que Francia intensifique sus hostilidades hacia el Estado Islámico (EI), sobre todo por la gran presión que recibirá de sus ciudadanos ante el asesinato del cura católico Jacques Hamel. La tentación es fuerte y la salida represiva pareciera, en muchos casos, la única solución.

6. ¿Qué necesitamos entonces para detener esta escalada violenta que permea el mundo entero? ¿Lanzar una bomba atómica sobre Mosul, la capital del EI? Me queda claro que responder a las agresiones con instrumentos igualmente violentos, muchas veces superiores a los utilizados por quien agredió, sólo genera una espiral de violencia. También entiendo que las naciones deben defenderse. Pero si en este proceso no se inserta el diálogo y la inclusión; si no se busca analizar los propios errores, continuaremos con este flagelo.

7. Cierre ciclónico. El pasado martes, la madre de Nayelli García Vargas se acercó al secretario de Gobernación Osorio Chong al finalizar un evento en Hidalgo. A gritos y mostrando una fotografía de su hija le suplicaba, le exigía, que hiciera algo para recuperarla, pues había sido secuestrada. En menos de 24 horas la jovencita fue rescatada por la Policía Federal Ministerial. En el momento en que lo decidió, Osorio Chong hizo su trabajo. ¿Habrá que gritarle a la autoridad para que encuentre a nuestros desaparecidos?

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