Siete puntos

Resucitar

No podemos contentarnos con una existencia que se reduce a respirar, a subsistir, a sortear adversidades como objetivo único.

1. La sociología de la religión, entre otras muchas cosas, se ocupa de analizar las reacciones de los diferentes estratos sociales ante el fenómeno religioso. Los ritos litúrgicos de la Semana Santa, por ejemplo, le llaman particularmente la atención. ¿Qué movió a miles de regiomontan@s, el día de ayer, a visitar los siete templos? ¿Por qué quienes actuaron como los 12 apóstoles, en el lavatorio de los pies, lo hicieron con profunda devoción? ¿Qué significó el pan bendito, para quienes lo recibieron al acabar la misa del Jueves Santo?

2. Sin embargo, quizá lo que más atrae a esos científicos sociales es la estrecha relación que existe entre Viernes Santo y pobreza, por una parte, y Vigilia Pascual y suficiencia económica por otra. El día de hoy, las parroquias ubicadas en los sectores más pobres de la gran ciudad, o en las poblaciones rurales, serán huéspedes de miles de fieles atraídos por la cruz de Jesucristo. Para ellos no hay día más importante que éste en todo el año, y escucharán las siete palabras con gran respeto. Sus rostros se verán tristes y compungidos.

3. ¿Por qué?, se pregunta esa ciencia, y la respuesta es sencilla: porque existe una gran identificación entre el sufrimiento de las personas que no tienen trabajo, que padecen alguna enfermedad o abandono, que se sienten tristes a causa de un grave problema familiar que, en síntesis, están crucificadas, y el Cristo de la cruz, lacerado por los azotes y los golpes, sangrando por las heridas infringidas, sufriendo los dolores de un martirio salvífico, sí, pero igualmente desgarrador.

4. Para quienes vivimos si no en la opulencia sí con necesidades satisfechas; quienes tenemos trabajo gratificante, familia unida —con problemas, es cierto, pero en relativa armonía—, amor de pareja o de sólidas amistades; para quienes todavía no llegan las enfermedades terminales y la muerte parece algo lejano; para las y los felices, la Vigilia Pascual, la gran fiesta de la resurrección de Jesucristo el Señor, es por fuerza algo más cercano, más familiar. La vida nos sonríe, no obstante sus dificultades. Vivimos resucitad@s.

5. Y aquí aparece el contraste con la liturgia oficial, pues mientras ella insiste en resaltar la importancia fundamental de la Vigilia Pascual, mañana sábado, y la califica como la misa más importante del año, la percepción popular sigue privilegiando al Viernes Santo sobre cualquier otro evento religioso, Navidad incluida. Es cierto que en algunas parroquias populares se ha logrado resaltar la celebración sabatina, pero son más bien excepciones. Mientras para miles de personas la vida siga representando dolor y sufrimiento…

6.… la cruz de Cristo será una referencia obligada. Pero hay otro problema, pues mientras la auténtica fe cristiana nos invita a buscar nuestra propia resurrección, desde esta tierra —lograr mejores condiciones de vida— la creencia popular es que alguien me resucitará: Dios, el presidente de la República, el dueño del taller, la pareja sentimental, el destino, etc. ¿Cómo lograr este compromiso vital? ¿En dónde adquirir la energía que nos permita levantarnos de nuestra postración? ¿Qué hacer para vivir resucitad@s y no muert@s?

7. La resurrección nuestra sólo tendrá sentido si ayudamos a las demás personas a resucitar. No podemos contentarnos con una existencia que se reduce a respirar, a subsistir, a sortear adversidades como objetivo único. Es preciso construir estructuras que permitan una vida plena para tod@s. La participación ciudadana es fundamental para emprender esa construcción, y para quienes profesamos la fe cristiana tal compromiso forma parte constitutiva de la misión recibida. Extendamos a otr@s la alegría de vivir. Resucitemos.

papacomeister@gmail.com