Siete puntos

Respeto para "anulistas" y "abstemios"

Rechazaron votar para no ser cómplices de una simulación, porque no están dispuestos a fortalecer la estructura política.

1. Ya calmada la euforia de lo sucedido en las pasadas elecciones, hay que levantar los restos de la llamada fiesta democrática y hacer un recuento de esta historia. Como toda puesta en escena, sobresalen actores protagonistas y de reparto, héroes y villanos, con una trama que mantuvo el suspenso del público hasta el final, con una conclusión feliz para los triunfadores y triste para quienes sufrieron la derrota, más pesada todavía si calculamos el dinero gastado en su campaña. No incluimos un análisis de la guerra sucia. Lo haremos después.

2. Obviamente, el héroe y protagonista tiene que ser el hoy gobernador electo. En pocos meses superó un inicio flojo, en el que se encontraba tercero en las encuestas, para rebasar, y con mucho, a la candidata del PRI y al abanderado del PAN. Supo desempeñar a la perfección el papel que le asignaron, y basado ya en su bronca personalidad, ya en estrategias de politólogos con mucha experiencia, cautivó a buena parte del público, que le rindieron aplausos y reconocimientos a su actuación. No falta quien lo apunta ya para otra.

3. Como en las mejores películas, un actor secundario le disputó las alabanzas y los encabezados de analistas electorales: la fuerza ciudadana que se volcó sobre las urnas e hizo ganar al candidato independiente a la gubernatura. Todavía hoy siguen circulando calificativos exaltando la valentía de un electorado que superó miedos e historias, y apostó por un cambio radical en la manera de hacer política en nuestro Estado. Diarios de circulación nacional colocan a Nuevo León como la punta de lanza de una nueva revolución.

4. No podían faltar los villanos, y el papel se lo disputaron dos grupos: los despectivamente llamados comelonches, que dieron su voto a cambio de una dádiva —no me referiré en esta ocasión a los comepanninis, que soltaron millones a cambio de futuros contratos— y a quienes también, con saña, se les llama hoy analistas y abstemios, en referencia a los que anularon su voto o se abstuvieron de asistir a la casilla. Se considera que esas personas prefirieron hacer nulo su voto o ni siquiera eso por flojera, gen opositor o algo semejante.

5. Me parece que no se trata con respeto a este sector del electorado que, no olvidemos, alcanzó en todo el país un 4.7%. Este porcentaje, es cierto, disminuye en relación a la última elección intermedia —4.9%— pero supera, y con mucho, al promedio de las últimas cinco elecciones —2,8%—. Son, entonces, miles de personas que no votaron, y no por desidia, sino por negarse a participar en un proceso que ven como una farsa. Rechazaron votar para no ser cómplices de una simulación, porque no están dispuestos a fortalecer la estructura política.

6. Entre nosotros privó el objetivo de castigar a la actual administración retirando las simpatías electorales por el PRI, pero quienes anularon y se abstuvieron tampoco quisieron votar por otro tipo de PRI, como calificaron al candidato independiente triunfador. Para estos opositores al sistema, la disyuntiva no era votar por este o aquel candidato, sino votar o no votar. Y decidieron ir en contra de una corriente que, por lo demás, se vuelve impetuosa el día de la votación, pero que se convierte en apacible lago cuando no hay elecciones.

7. Veremos si estos supuestos villanos se convierten en héroes, porque ahora la trama no se reduce a un solo día, sino a una actividad constante de seguimiento a los ganadores, de atención insistente a sus promesas de campaña, de articulación con ONG cada vez más activas, de compromiso permanente con la transformación de nuestra sociedad. Veremos. Aunque creo que, paradójicamente, analistas y abstemios serán más protagónicos, en los próximos años, que los ciudadanos de fin de semana.

papacomeister@gmail.com