Siete puntos

Peña Nieto y la fe

1. Lausanne, Suiza. Celebré la misa, el pasado sábado, con mexicanos avecindados en estas tierras. La intención común no podía ser otra: pedir para que Patricia no causara muchos estragos en las tierras de nuestro país. Los pronósticos eran pesimistas, pues se trataba del meteoro más destructivo que estaba tocando el litoral de estados como Jalisco, Nayarit y Colima. Invadidos por la nostalgia y la lejanía, nos unimos en oración para pedirle a Dios, a la naturaleza, a quien fuera, que el huracán no nos dañara.

2. Y así fue. Patricia resultó menos letal de lo que pronosticaron instancias tan acertadas y prestigiadas como la misma NASA. ¿A qué se debió? Expertos en el tema aportan tres argumentos: excelente prevención ciudadana, pues se tomaron muy en serio las alertas emitidas por las autoridades; la pérdida de fuerza en el huracán al acercarse a costas mexicanas, combinada con su velocidad que le hizo tener una longitud relativamente corta; y el haber tocado tierra lejos de las ciudades más pobladas.

3. Pero el presidente Peña Nieto, al domingo siguiente, y al intervenir en la XIII Cumbre de Negocios, en Guadalajara, atribuyó a la energía positiva y a la fe del pueblo mexicano, que el poderoso huracán no causara una gran catástrofe. Asombra que sea el primer mandatario del país el que acuda a esos argumentos, propios, más bien, de algún facilitador en desarrollo humano o de un ministro religioso. Pero leyó usted bien. Lo dijo Peña Nieto. Ese fue su análisis de lo sucedido.

4. Las críticas no se hicieron esperar. Y provienen no sólo de agnósticos que no entienden la utilización de este recurso, al menos que el Presidente quiera congraciarse con un pueblo mayoritariamente religioso. No falta quien asegura que, ante la próxima visita del papa Francisco, Peña Nieto busque simpatías y respaldos de la Iglesia católica, de gran peso político en el país. Si la fe mueve montañas, como reza el adagio cristiano, ahora sabemos que también desvía huracanes.

5. Sin embargo, el asombro por las palabras presidenciales también tocó a creyentes, que buscan vivir con madurez su fe. Basados en el ya famoso texto de Mardones, Matar a nuestros dioses, cuestionan la imagen providencialista de un Dios capaz de intervenir en los elementos de la naturaleza gracias a las oraciones de sus fieles. La pregunta es obligada. Cuando el Gilberto cobró más de 200 vidas humanas, y ocasionó pérdidas por 10 billones de dólares: ¿se debió a que no tuvimos fe, no rezamos lo suficiente?

6. Ya encarrerados en esta relación proporcional entre fe, rezos y resultados exitosos, podemos continuar preguntándonos: ¿no se resuelve el problema de los 43 desaparecidos en Ayotzinapa, ya un año después, porque nos falta fe? Para erradicar la corrupción en nuestro país: ¿basta con rezar? A Dios rogando y con el mazo dando, reza el popular dicho mexicano. Ojalá y, junto a nuestras oraciones, aportemos una mayor participación para resolver los cada vez más graves problemas de México.

7. 'Cierre ciclónico'. No hay perros callejeros, y quien tire basura a la calle recibe una fuerte multa. Los automóviles se detienen en las zonas asignadas para el paso de peatones. Los gobernantes se trasladan desde sus hogares hacia sus oficinas en transporte público y no tienen guaruras. Los niños de primaria se van solos a sus escuelas: no hay transporte escolar. La Policía inspira respeto, y nadie osa insinuar una mordida para que se le retire una multa. La corrupción se paga con la cárcel. Claro... en Suiza.


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