Siete puntos

¿Y si el Papa no fuera jefe de Estado?

1. En estos últimos meses: ¿qué se dice de México en el extranjero? Los temas más recientes son: Ayotzinapa, Tlatlaya, la Casa Blanca de la primera dama, las residencias del secretario Videgaray, los obvios conflictos de interés y los aplausos que el Presidente espera y no se le otorgan.

2. Las críticas, claro, venían de los amargados de siempre. Hasta que el Papa se lanzó al ruedo esta semana para desear que Argentina, su país natal, "esté a tiempo de evitar la mexicanización".

Es decir, que no se convierta en un país en donde reinan la corrupción y el narcotráfico… como el nuestro.

3. Francisco sólo alertó, en un correo privado, por cierto, a un amigo argentino de lo que podría pasar en su país, si Argentina seguía los pasos de México. ¿Faltó al protocolo el jefe de Estado del Vaticano? Quizá. ¿Dijo alguna mentira? Para nada. Basta con salir a la calle para darnos cuenta del país en el que vivimos.

4. Pero, bueno. Ya estamos acostumbrados a la piel delicada de los políticos mexicanos, y el extrañamiento de Relaciones Exteriores no se hizo esperar.

Es cierto que quien lo dijo es el principal referente de la Iglesia católica (IC) en el mundo, pero también lo es que funge como un jefe de Estado.

5. ¿Qué pasaría si, en un hecho inusitado -aunque no extraño en él- Francisco de Roma renunciara no a ser el Papa sino a la jefatura de El Vaticano, y estableciera que algún(a) laic@ se encargara de ella? Es cierto que, en su momento, se vio necesario que la IC defendiera su patrimonio…

6. y lo logró, con la firma de los Tratados de Letrán, en 1929. A partir de ese momento, el Papa en turno tiene que lidiar no sólo con los problemas pastorales de la IC -que son muchos- sino también con los de la Santa Sede, institución con personalidad jurídica propia.

7. Ojalá y el Papa Francisco dejara de ser jefe de Estado, y volviera a ser sólo el sucesor de Pedro. Se evitarían estos confl ictos diplomáticos, innecesarios, y quizá nuestra IC se acercaría más a lo que Jesús quiso de ella, y el mismo Francisco de Roma quiere: una Iglesia pobre para los pobres.


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