Siete puntos

¿Ojo por ojo y diente por diente?

1.  En la tradición judía precristiana existía una norma que resultaba muy útil para la regulación de las venganzas, y que se expresaba con la conocida frase: ojo por ojo y diente por diente. Esta reglamentación es conocida como la Ley del Talión (el término deriva de la palabra latina talis, igual).

2. La regla buscaba la proporción en la respuesta a la agresión sufrida. Si tú, al golpearme, me sacabas un diente, yo tenía derecho a golpearte también, y a sacarte un solo diente, no más. La venganza, entonces, se equilibraba, e impedía una respuesta agresiva todavía mayor,
desproporcionada.

3. Pareciera que este principio judío, de acuerdo a algunos defensores de la libertad para expresar insultos, vuelve a aplicarse, en pleno siglo XXI. Ante lo sucedido en París, con el asesinato de quienes trabajaban para la revista Charlie Hebdo, deleznable y atroz, brota la propuesta.

4. La tesis parece ser la siguiente: en las democracias modernas la libertad de expresión debe incluir la posibilidad de insultar. Ante este hecho, quien se sienta agraviado podrá responder de la misma manera, insultando, pero de ningún modo asesinando, como lo hicieron en París.

5. Resulta curioso que estemos regresando a una práctica que no sólo fue cuestionada por Jesucristo, sino que también ha sido criticada por personas sensatas de las más diferentes culturas. La venganza no es buena consejera y mucho menos amiga. Genera venganzas ad infinitum.

6. Condenando, entonces, la masacre: ¿tenemos derecho a insultar? ¿Por qué en el futbol europeo, por ejemplo, se castigan con tanta severidad los insultos racistas? Conforme la argumentación anterior: ¿No tendrían derecho los aficionados blancos a ofender a un jugador de color, y éste a defenderse también con insultos?

7. Sería interesante incluir en el debate el mensaje de Jesucristo (Mateo 5,38), quien invitó no a seguir las reglas válidas de la Ley del Talión, sino al perdón y al amor a los enemigos. Mal andamos cuando una sociedad se distingue por su derecho a insultar, y no es capaz de respetar.

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