Siete puntos

El Nobel de Dylan

1. El reciente premio Nobel de Literatura, concedido a Robert Allen Zimmerman, o sea, a Bob Dylan, ha tenido reacciones encontradas. Por una parte se rasgan las vestiduras quienes esperarían ese reconocimiento para autores destacados en las ramas de la poesía, la novela o, mínimo, el ensayo. Ironizan diciendo que a este paso la Real Academia Sueca otorgará la deseada presea a Juan Gabriel, obviamente post mórtem. Se lamentan que personalidades como Borges, Kafka, Tolstoi, Cortázar nunca lo hayan recibido, teniendo…

2. … más merecimientos. Sin embargo, si alguna disciplina humana es ambigua, la literatura está entre ellas y encabeza la lista, pues depende mucho de la subjetividad de quien la admira. Si a ello le agregamos que el reconocimiento de muchos autores depende de la amistad que se tenga con otros colegas, editores, jurados, etcétera, terminaremos afirmando que en gustos se rompen géneros. Pero Dylan no es cuestionado porque sus novelas tengan poca cadencia temática o sus ensayos estén carentes de fundamentación científica.

3. No. Se critica el que se haya concedido ese honor a un cantante, que se destacó por pertenecer a un movimiento, hoy en el infortunio, que se definía como música de protesta norteamericana, y que debemos distinguir de la latinoamericana. En efecto. Cantantes como Dylan, más Joan Baez, Pete Seeger y Woody Guthrie, entre otros, encabezaron una propuesta que a diferencia de cantautores latinoamericanos como Violeta Parra, Víctor Jara y Alfredo Zitarrosa, que se oponían al imperialismo yanqui, aquéllos con Dylan a la cabeza…

4. … estaban en contra de la presencia norteamericana en Vietnam, y fueron los principales soportes del movimiento hippie que predicaba la paz y el amor. Una canción traducida de Dylan, “Blowin’ in the wind”, acompañó muchos retiros espirituales de jóvenes ansiosos de transformar la realidad. Claro. Era la época de los setenta, con profundos cambios sociales en todo el mundo, y que fue propicia para el nacimiento de experiencias como la Teología de la Liberación. El canto religioso-liberador encontraba en Dylan uno de sus aliados.

5. Hoy es diferente. Las canciones de protesta contra el sistema han sido sustituidas por un romanticismo religioso, verticalista y ajeno a la conflictividad diaria. La espiritualidad intimista y celestial se apoya en cantos que provocan el llanto, pero no la inserción en la dinámica social; extraen suspiros melosos de los jóvenes, pero no les provocan deseos de cambio; adornan bellamente las celebraciones litúrgicas, pero impiden que ellas tengan alguna mordiente en los problemas que acucian a la comunidad. Son otros tiempos, pues.

6. Por otro lado, somos también muchos los que nos regocijamos con el galardón recibido por el autor de “Like a rolling stone”, no obstante los desplantes del cantautor. No sé si la Academia Sueca, al reconocer a Dylan, buscó también revalorar aquella época. Lo cierto es que al menos para el pensamiento cristiano, la necesidad de terminar con las injusticias, que afectan a tantas personas, sigue apremiando, y sus canciones continúan criticándolas. ¿Se merecía Dylan el Nobel? No lo sé. ¿Lo aceptará? Tampoco está claro. La respuesta está en el viento…

7. Cierre ciclónico. Hay, hasta el momento, dos gobernadores prófugos. Un priista y un panista. No es posible explicarnos su huida sin la complicidad de sus mismos partidos y de las autoridades de los estados que gobernaron. Es cierto que el deseo de sangre que crece en la opinión pública no ayuda al establecimiento justo de culpabilidades. Ya están condenados sin ser todavía juzgados. Pero escapar denota dos cosas: o culpabilidad o desconfianza en la imparcialidad de quienes los juzgarán. ¿Cuál es peor?

papacomeister@gmail.com