Siete puntos

Por una Navidad austera

1. La Navidad, como muchas fiestas religiosas, sufre los embates de la secularización. El descanso de la Semana Santa, por ejemplo, ha pasado a ser la vacación de primavera. Sin embargo, lo que significa el nacimiento de Jesús sigue vivo en muchas personas.

2. Aunque no sean muy religios@s, son much@s quienes ven en el acontecimiento una oportunidad para buscar la reconciliación, el perdón, la reunión familiar, la visita al pariente que desde hace mucho tiempo no se ve, la atención al menesteroso de la esquina.

3. Es cierto que las llamadas ***posadas*** son, en muchas ocasiones, sólo fiestas para que l@s compañer@s de la oficina, o l@s vecin@s del barrio puedan convivir al calor de las bebidas etílicas, bailar un poco, intercambiar regalos y ligarse a la compañera.

4. Pero también lo es que no son poc@s quienes insisten en ir más allá de la piñata y el alcohol, los tamales y el champurrado. Invitan a una oración, piden posada con los cantos tradicionales, lideran la reflexión con una dinámica adecuada.

5. Para esas personas, el nacimiento del Niño Dios implica un cambio en sus vidas, les motiva para ser mejores, despierta en sus corazones el deseo del cambio, alivia e impulsa, facilita el acceso a principios cristianos fundamentales.

6. Uno de ellos es el de la austeridad. El nacimiento de Jesús en medio de la pobreza, y su vida toda en la misma condición, despiertan en quienes quieren ser sus discípul@s el deseo de la imitación, de asumir el contagio, de correr el riesgo.

7. Así, la Navidad es una buena oportunidad para apostar por la austeridad, evitando gastos suntuosos y dedicando el dinero ahorrado para ayudar a personas más necesitadas. Ese dinero será el mejor gastado, el mejor invertido, el más preciado.

papacomeister@gmail.com