Siete puntos

Irritación creciente

1. Las manifestaciones de ira aumentan, sobre todo en ciudades como Monterrey y su zona conurbada. Automovilistas, molestos por un cerrón o porque el carro de adelante no avanza de inmediato, cuando aparece el verde en el semáforo, descienden de sus vehículos para trenzarse a golpes, no obstante la presencia de sus familias. Una catequista, en el sureste del país, se lamenta por los continuos robos a su parroquia y, desafiante, expresa su ira: “Si regresan los ladrones, los linchamos y los quemamos vivos”. Y eso que imparte la catequesis.

2. ¿A qué se deben estas reacciones? Como todo fenómeno humano obedece a muchas causas. Unas se sitúan en el interior mismo de las personas contemporáneas. Hemos resaltado tanto nuestros legítimos derechos, durante mucho tiempo vulnerados, que ahora nos sentimos con capacidad para defenderlos, ya del colega al volante que nos presiona para avanzar, ya de quien busca apropiarse de lo nuestro. Somos más belicosos que en siglos anteriores, más rápidos para reaccionar con violencia ante lo que consideramos injusto.

3. Pero también hay causas externas a nosotros. Algunos sociólogos llaman desgobierno al fenómeno que se manifiesta cuando la justicia se aplica de propia mano; cuando se combate la pobreza con programas coyunturales y no se va a la raíz del problema; cuando reina la desconfianza y el desaliento; cuando los valores de antaño, como el estudio y el trabajo sinónimos de ascenso social, son sustituidos por el deseo de la ganancia rápida y fácil; cuando de nada sirve ser bueno en un mundo en el que parecen triunfar los malos.

4. Crece la indignación cuando atestiguamos la corrupción e impunidad de gobernantes que escapan de las autoridades igualmente corruptas, cómplices de esa impunidad; cuando nos enteramos del dinero de nuestros impuestos que se destina a los partidos políticos y lo que ellos gastan en tiempos electorales y no electorales; cuando llegan al Gobierno personajes de diferentes partidos, y hasta independientes, pero que las cosas siguen como antes; cuando los medios de comunicación pierden su libertad de expresión a cambio de favores.

5. La indefensión ciudadana ya se instaló en nuestro país, y prueba de ello son los secuestros y extorsiones, los asesinatos con lujo de violencia demencial, las desapariciones forzadas y el nulo interés de las autoridades por encontrar a quienes se les privó de su libertad, los ataques a las fuerzas del orden –con armamento muchas veces sofisticado–, los frecuentes asaltos a autobuses en las carreteras y a automóviles en las calles citadinas, los moches que solicitan todos los funcionarios a proveedores que necesitan ser contratados.

6. Por ello, ante la carencia de un verdadero Estado de Derecho, surge la manifestación pública, muchas veces violenta, como expresión de esa molestia colectiva. Urge detener esta espiral para no explotar en situaciones incontrolables. Es cierto que desde la familia debe combatirse la cultura del desquite, la venganza y el enriquecimiento ilegítimo, tan en boga. Pero también lo es que las autoridades, hoy más que nunca, están llamadas a cumplir con su obligación. Queremos, y merecemos, un país pacífico, pero justo.

7. Cierre ciclónico. El nuevo nuncio en México, Franco Coppola, dijo después de entregar sus cartas credenciales al presidente Peña Nieto y refiriéndose a los homosexuales: “Creo que hay que encontrar la vía mexicana para responder a estas necesidades, deseos o instancias que hay. Son personas humanas, no hay por qué negarles derechos que son reconocidos a todos los hombres y mujeres de este mundo (…) la doctrina de la Iglesia es la doctrina de la Iglesia… hay que hacerla bajar para que pueda ofrecer caminos a los hombres y a las mujeres de cada tiempo”.

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