Siete puntos

México: País de elecciones

Después del gran impacto que tuvo la candidatura independiente del gobernador electo, ahora ya se le perfila como posible candidato a la Presidencia dentro de tres años.

1. Allá por 1968, en plena efervescencia estudiantil, los seminaristas de Monterrey recibimos la invitación para participar en una marcha, promovida por las universidades locales, para protestar por la matanza de Tlatelolco. Las metodologías de consulta y democratización de procesos también nos impactaban, y decidimos participar con alguna representación de todos nosotros. Se planteó la necesidad de elegir a algunos compañeros pero, de inmediato, surgieron voces que exigían procesos de elección completamente transparentes.

2. Se pensó, entonces, en formar una comisión que decidiera el método de elección. Pero: ¿cómo decidir quiénes formarían esa comisión? Tal absurdo democrático hizo que, después de infinitas discusiones sobre la manera en que se escogería a la comisión que elegiría a la representación, pasó el día en que se llevaría a cabo la marcha de protesta, y no participamos en ella. Recuerdo que teníamos reuniones para decidir cuándo nos reuníamos, votaciones para definir cuándo y cómo íbamos a votar.

3. Me parece que algo semejante está sucediendo con el país. Apenas repuestos de la vorágine publicitaria que vivimos en el pasado junio, con las elecciones intermedias, y respirando tranquilos porque, por fin, terminaron las campañas políticas, resulta que a tres años de distancia ya los principales análisis políticos nos hablan de la lucha por la elección presidencial del 2018. No inician todavía sus gestiones los nuevos gobernantes, cuando ya están pensando en la decisión que tomarán frente al próximo, ¿ya inminente?, proceso electoral.

4. El gobernador electo de Nuevo León es un claro ejemplo de ello. Después del gran impacto que su candidatura independiente tuvo no sólo en los electores que le dieron el triunfo, sino en la opinión pública local e internacional, ahora ya se le perfila como posible candidato a la Presidencia dentro de tres años. Obviamente no terminaría su periodo de seis al frente de la gubernatura, y tendríamos un nuevo caso de chapulineo, en el que no se cumplirían las promesas de campaña ni se resolverían problemas urgentes y graves.

5. Los grandes partidos políticos nacionales son otra prueba de esta permanente ansiedad electoral. Manlio Fabio Beltrones, nombrado candidato de unidad para dirigir el PRI nacional, ya se perfila como candidato de ese partido para el 2018. En el PAN el panorama es el mismo. Ricardo Anaya y Javier Corral se disputan la dirigencia de su partido y, quien triunfe, dará señales claras de quién será el candidato albiazul para la próxima elección presidencial. Igual en el PRD. La renuncia de Navarrete a su dirigencia abre las puertas para que…

6. … sus famosas tribus peleen por colocar a su candidato. ¿Y López Obrador con su Morena? ¿Ha hecho otra cosa que no sea campaña –es cierto, de bajo perfil– con miras de contender, una vez más, por la próxima Presidencia de la República? Los partidos satélites ya piensan en las alianzas que deberán tejer para mantenerse en el presupuesto, aun infringiendo la ley de manera ostentosa, como fue en el caso del Verde. El Instituto Nacional Electoral, que pensaba descansar unos meses, ya se alista para otro intenso trabajo.

7. ¿Y los problemas de la ciudadanía? ¿Y la atención a los más pobres? El mismo Peña Nieto comenzará a preocuparse más por la designación de su sucesor –al más viejo estilo priista– que por librar un poco mejor esta segunda parte de su sexenio. Total. Elecciones y más elecciones. Precampañas, campañas y post-campañas, pues en eso se están convirtiendo los puestos de gobierno. Mientras tanto el peso continúa devaluándose, el medio ambiente se contamina cada vez más y la inseguridad vuelve por sus fueros. Pero ahí viene el 2018…

papacomeister@gmail.com