Siete puntos

Mejor que no venga…

1. Conforme al protocolo vaticano, el pasado martes informaba su portavoz, Federico Lombardi, que el papa Francisco viene a México en el 2016, quizá en el primer semestre. La noticia fue confirmada por el también vocero del Gobierno Federal, Eduardo Sánchez. No existe aún la fecha del viaje, ni las ciudades que lo recibirán, ni la agenda a la que se someterá el ilustre visitante. Pero es un hecho que ha decidido venir. De inmediato, en nuestra ciudad surgió la inevitable pregunta: ¿Vendrá el Papa a Monterrey?

2. Claro que todos quisiéramos verlo en nuestra ciudad, y me atrevo a pensar que hasta quienes no pertenecen a la Iglesia Católica recibirían con agrado al Papa argentino. La óptima valoración que ha recibido de la opinión pública también se percibe entre nosotros, más allá de cualquier credo religioso. Veo, sin embargo, muy poco probable el que nos honre con su presencia. Parece más dado a privilegiar sitios como la Basílica de Guadalupe y se ha hablado, por ejemplo, de llegar a una diócesis fronteriza con Guatemala o los EUA...

3. ... para manifestar su apoyo a la migración. También es factible que visite a alguna iglesia local afectada por los graves problemas que vive el país, y que destacan en entidades del sureste mexicano como Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas. Esos lugares son más acordes a los contenidos que quiere enfatizar. Además, la edad de Francisco para los posibles días de su arribo, 79 años, nos habla de una visita no tan extensa, y con pocos sitios para recorrer. Pero, más allá de que decida venir o no: ¿Conviene que venga a nuestra ciudad?

4. Si queremos que venga para verlo, lo más cerca posible, sin atender a su mensaje, mejor que no venga. No nos conviene seguir cultivando actitudes más cercanas al fanatismo supersticioso que al seguimiento de nuestro pastor. No es correcto privilegiar el asistir a un espectáculo sobre el practicar la necesaria contemplación que va más allá del ver y del mirar, para tratar de penetrar en la persona y su mensaje, en los contenidos de su doctrina. Si es así, si lo que queremos es ver un show religioso... mejor que no venga.

5. ¿Qué podemos hacer?, me han preguntado. ¿Necesitamos levantar firmas entre toda la feligresía regia?, porque se pueden conseguir millones. ¿Un donativo para el Vaticano, bueno, para los pobres del mundo que debe atender la Iglesia? También se pueden reunir grandes cantidades de dinero. ¿Ir a Roma para invitarlo personalmente? Sobran agencias dispuestas a organizar la expedición. ¿Algún regalito para el monseñor que fija los itinerarios de los viajes papales? Si tenemos estos pensamientos... mejor que no venga.

6. Si la visita del Papa servirá –como quizá algunos lo pretenderían– para dar un espaldarazo al gobierno incipiente; o para confirmar que Monterrey es la ciudad más metropolitana de México, de América Latina, vamos, del mundo; o para posicionarnos como la arquidiócesis más católica de la iglesia mexicana... mejor que no venga. Su eventual visita deberá servir para ayudarnos a convertirnos en mejores personas, y no para confirmar estereotipos vanidosos y soberbios. Yo sí quiero que venga, pero si es para presumir que vino... mejor que no venga.

7. Cierre ciclónico. El triunfo de algunos candidatos independientes en las elecciones del pasado 7 de junio, en especial el del gobernador de Nuevo León, ha hecho que no pocos políticos disgustados con sus partidos –porque no los postulan, no los toman en cuenta– estén acariciando lanzarse como independientes. Ya son tantos, que acaban de formar una organización llamada Grupo 86+, que busca crear una red para ese tipo de candidaturas. Aunque no me lo piden, les propongo un nombre: el PMI, Partido Mexicano de Independientes.


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