Siete puntos

¿Qué significa educar?

1. Hace 15 días, comentando el actual conflicto magisterial, escribí: "nadie debate, al menos no lo veo en alguna parte, sobre los contenidos y metodologías que debe tener la educación en nuestro país". Un profesor amigo, lector de esta columna, me pide que no sólo critique esa ausencia, sino que busque llenar ese vacío, proponiendo mis tesis al respecto.

No pretendo encontrar el hilo negro, ni aportar una rápida solución para el conflicto y la educación en general. Van, pues, mis opiniones, atendiendo a la petición de mi amigo.

2. En primer lugar, conviene ponernos de acuerdo sobre la misma definición de educación, y podemos acudir al significado de la palabra. Educación viene del latín educere, que lo mismo puede significar conducir que sacar-de. Si apostamos por la primera acepción, guiar, entenderemos que educar es dirigir, meter informaciones en las cabezas de los estudiantes, enseñarles materias y disciplinas académicas, examinarlos en base a su retención de memoria, creer que concluir sus estudios será el mejor de los éxitos.

3. Si entendemos educación como un sacar-del alumno toda la información que trae, ayudarle a explotar sus potencialidades, muchas veces dormidas, nos posicionamos frente al fenómeno educativo de manera diferente. En la primera definición, por ejemplo, se considera al profesor como sujeto, y al alumno como objeto. Aquél es activo, dinámico, toma la iniciativa, tiene el control. El alumno, en cambio, es pasivo, estático, sólo al pendiente de las órdenes del profesor, y cuya actividad sólo consiste en repetir, memorizar.

4. En la segunda interpretación estamos ante una relación sujeto-sujeto, ya no más sujeto-objeto. Ahora, ambos, profesor y alumno, son los protagonistas del proceso educativo. Los dos actúan conforme, es cierto, a sus propias especificidades. También lo es que deben tener una plataforma común de diálogo y que, muchas veces, es el profesor el que la implementa -por tener más experiencia o competencias-, pero no se busca que el alumno sólo escuche asintiendo, sino que exprese sus propias opiniones y aporte sus puntos de vista.

5. De esta segunda manera de entender a la educación, se derivan 10 implicaciones que, en mi opinión, podrían servir para una verdadera reforma educativa, y no sólo laboral. Van.

a) Considerar al aula como espacio amoroso de diálogo, y no como una sala de aburrimiento; b) Fomentar los trabajos en equipo, para combatir el individualismo; c) Impulsar la construcción social de la verdad, para incidir en ella; d) Desarrollar el sentido crítico, que es la más nítida versión de la inteligencia; e) Enfatizar la creatividad, la innovación, la transformación.

6.También: f) Hacer de la calidad un ideal permanente, buscando la excelencia académica y personal; g) Propiciar la nutrición afectiva, alimentando no sólo la mente sino también el corazón; h) Apostar por la personalización, y no sólo por la individualización; i) Elaborar una nueva agenda temática, con temas verdaderamente interesantes, y que vaya más allá de los acartonados programas oficiales, y j) Asumir el diálogo como norma de vida, aprendiendo que primero debemos escuchar y luego hablar. Aquí están, entonces, estas 10 propuestas.

7.Cierre ciclónico. Hace muchos años asistí a una corrida de toros, y lo hice contra mi voluntad. Siempre he sido enemigo de la llamada fiesta brava, aunque disfruto comer carne de res, no estoy de acuerdo con la manera en la que hacen sufrir a los animales, previamente a su muerte. Sin embargo, me asombra el grado de des-humanidad que manifiestan algunos antitaurinos, ante la muerte del torero Víctor Barrio, el pasado sábado, en Teruel, España. Las redes sociales se han llenado de insultos al difunto y a su esposa. No se vale. No es humano. M 

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