Siete puntos

¿Consumo, luego existo?

1. Aunque el filósofo francés René Descartes contribuyó de tal manera a la consolidación del pensamiento occidental, al grado de considerársele como el padre de la filosofía moderna, y postulador de tesis tan interesantes como el desarrollo de una metodología científica y la duda metódica, ha pasado a la posteridad con su célebre frase: cogito, ergo sum (pienso, luego existo). Esta corroboración racionalista ha sufrido con el paso de los años muchas aplicaciones a otros terrenos: amo, luego existo; juego, rezo, etc., luego existo.

2. Pero hay otras tareas menos dignas, humanamente, que los intercambios afectivos, las actividades lúdicas y las creencias religiosas, y que también, y por desgracia, definen a nuestra raza en la actualidad. El filósofo alemán Herbert Marcuse, publicó, en 1964, su obra El hombre unidimensional. En ella, y al contacto con la vida de los EU en donde se refugió, critica la creación de falsas necesidades, por parte de las sociedades industrializadas. Una de ellas es el consumo. El norteamericano, afirmó, vive para consumir...

3. ...y yo agregaría: y no consume para vivir. De estos autores y sus tesis me acordé ahora que se avecina el ya esperado Buen Fin. A partir de hoy, y hasta el próximo lunes —aprovechando el designado puente— los comercios competirán para ofrecer las mejores ofertas, a clientes ansiosos de adquirir, a buen precio aquello que... ¿necesitan? El papa Francisco, en su reciente encíclica Laudato Si, invitó a la responsabilidad social de los consumidores, y no sólo de las empresas que se titulan, muchas veces pomposamente, socialmente responsables.

4. Un(a) consumidor(a) responsable no sólo pondrá atención a los riesgos de contaminación que existen en los productos a adquirir, sino también si es necesario hacernos de ellos. Por otra parte, la ilusión de tener cosas lleva a muchos incautos a atravesar la tarjeta, sin calcular si se podrá cubrir el pago. Aquí también aparece la responsabilidad de sólo gastar cuando tenemos los recursos para ello, y no endeudarnos de manera irracional. ¿Y la austeridad? ¿Es propia sólo de personas consagradas a Dios o de cualquier ser humano sensato, maduro, libre?

5. No sé si estos criterios se aplicarán durante el fin de semana. Creo que poco. Prevalecerán, es probable, el consumo excesivo, las compras de cosas que no necesitamos, la consecución de ofertas que consagren nuestro ser-consumidor(a). Las empresas y los comercios harán su agosto en noviembre y, al despertar de esta borrachera, nos encontraremos con nuevos aparatos eléctricos en la casa y habremos actualizado nuestro guardarropa para seguir dando a los pobres aquello que ya nos sobra. Continuaremos existiendo, consumiendo.

6. Ojalá, y parodiando a Descartes, pudiéramos definirnos así: re-significo... luego existo; reflexiono, introyecto... luego existo; discierno, analizo, proceso... luego existo; participo, propongo, colaboro, proyecto... luego existo; genero, creo, innovo, descubro... luego existo; comprendo, incluyo, respeto, simpatizo... luego existo; dialogo, escucho, comparto, inserto... luego existo; saludo, sonrío, animo, levanto... luego existo; acaricio, beso, apoyo, sostengo... luego existo; trasciendo, transformo, evoluciono, revoluciono... luego existo.

7. Cierre ciclónico. Cuando llegué a Italia me recomendaron escuchar la estación de radio del Parlamento italiano. "Aprenderás buen italiano", me dijeron. Transmitía los debates entre diputados y senadores durante las 24 horas. Entre ellos se llamaban honorables, aunque se daban con todo. El lenguaje que utilizaban brillaba por su elegancia y corrección. Si un extranjero viene a Monterrey: ¿le recomendamos que vaya al Congreso, que lea las declaraciones de nuestros políticos, para que aprenda buen español?


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